Hace unos días que ha fallecido Robert Royal. Éramos amigos desde hace muchísimos años. Su vida fue la de fotógrafo extraordinario, que vivía en España por amor a este país, y que nos conocía como pocos.
Mi sentimiento ha sido enorme, tanto por inesperado, porque había hablado con él en Navidad y me dijo que vendría a Trujillo a la Feria del Queso, como por la impotencia que me ha propiciado no poder conseguir de nadie de esta región que se hiciera cargo de ese archivo fotográfico inmenso, seleccionado, hermoso y con esa visión del extranjero que nos mira sin sangre caliente ni reproches.
Era guapo, educadísimo, presente con su cámara sin molestar jamás, oportuno, perfecto en la ejecución, exigente, amable cuando el resultado de la imagen no le complacía al sujeto, valiente, generoso y enamorado de las sombras que los edificios nuevos proyectan sobre espacios vacíos de alma.
Bob hizo fotografías emblemáticas de la historia de la transición española, y cuando nos conocimos, estaba haciendo el proyecto “Un día en la vida de España”, y recorrió Extremadura y vivió en Trujillo unos días. La luz de nuestra región le conmovió, y siguió volviendo una y otra vez. Hizo fotografías preciosas, y hoy irrepetibles, de la Extremadura que renacía desde el olvido. Recogió con su cámara las lágrimas de un bebé que acababa de nacer, la risa de los que veían rehecho el puente derrumbado en la guerra de la Independencia, los paisajes que eran alfombras de encinas que no dejaban ver el suelo, las nubes que sujetan el cielo, las piedras que no envejecen, y una sociedad de puertas adentro, que miraba desde los balcones cambios que restañaban y no eran fáciles de aceptar.
Bob había nacido en Alabama. Fue actor en los westerns que se rodaban en Almería, hablaba español perfecto con un acento americano delicioso, y miraba desde su gran altura con una bondad inigualable, y su legado, por el que lucha la Universidad de Extremadura por tener (le ha organizado exposiciones importantes en Cáceres y Badajoz), se ha quedado sin que a él le pudiera dar la alegría de saber que, a alguna institución, fundación, organismo, ayuntamiento, parroquia o lo que sea, le pudiera interesar.
Bob reflejó con sus imágenes amables la transición española, y con ello consiguió que, al publicar sus fotografías en las mejores y más importantes publicaciones internacionales, los observadores exteriores de nuestra aventura democrática, nos miraran con amabilidad, mientras el espíritu cainita español, se dedicaba a fotografiar de otra manera, pero sin salida al exterior.
Robert Royal, mi amigo Bob del alma, se ha ido sin recibir el agradecimiento que merecía. Sin tener el reconocimiento que se había trabajado sin descanso en medio del fragor de la transición. Siempre decía que: “España nunca defrauda” y aunque desde 2014 dejó de hacer reporterismo de calle para publicaciones internacionales, su obra es inmensa y, aunque ha sido estudiada, luchó por conseguir depositarla para su conservación y abrigo hasta el último día en algún lugar de su amada España, sin conseguirlo.
Era un sabio de la luz y el cariño.
Matilde Muro Castillo.
Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 16 de febrero de 2026
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