19 de mayo de 2023

EL TRABAJO

 



Pertenezco a una generación en la que el trabajo era el norte de nuestros días. A lo mejor la cosa no era generacional, sino familiar, porque un hermano de mi madre le decía a ella que era “la viva representación del movimiento continuo”, y en esas artes vivenciales me educaron, en la imposibilidad de estar quieto mientras respirabas con los ojos abiertos, en poner imaginación en todo lo que me rodeaba para hacerlo caminar, en aprender de todo sin pretender cobrar por nada, y en dedicarme a cosas que, en general, son poco productivas económicamente, pero generan trabajo sin límite horario.
Aunque suene “antitodo” escucho con estupefacción que trabajando menos se produce más, que mejorando las condiciones de vida familiar lejos del trabajo es mejor para la empresa, que reduciendo el tiempo de atención y presencia en el puesto de trabajo salen ganando los trabajadores, y que esperar sin hacer nada es loable para la convivencia.
No entiendo nada. Aquí hay gato encerrado, porque la empresa nunca ha regalado nada y menos horas de trabajo. He comprobado en los jóvenes que vienen a casa con trabajos en remoto que están dedicados a la tarea sin descanso, que las horas no cuentan y que las preocupaciones se multiplican porque hay un ente externo, llámele inteligencia supranacional o lo que se quiera, que les vigila sin descanso y les pone en la calle sin miramientos. Eso de las menos horas de trabajo y más sueldo es una milonga. Se trabaja sin descanso, están conectados, con no se sabe qué, día y noche y teledirigidos para que sus aficiones derroten en los terrenos que la empresa manda de forma imperceptible.
Los usuarios sí notamos que el trabajo en la hostelería por ejemplo, al que se quieren aplicar las máximas de las empresas de alta cualificación, flojean. No hay camareros, ni cocineros, ni limpiadores, ni transportistas, ni nada que no sea básico, porque les han hecho creer que sin formación pueden llegar a ser como el primo, ese nómada digital que estudió informática matándose y ahora reposa en Tailandia atado al ordenador viendo playas y bebiendo cócteles. No es lo mismo. Todos los trabajos no son iguales porque todas las formaciones no han sido las mismas. No se puede pedir que gane lo mismo un médico que el chófer de la ambulancia (se pretende, desde luego). No puede ser que gane lo mismo el juez que el funcionario (también se pretende). No puede ser de recibo que la empresa gane lo mismo trabajando ocho horas diarias que trabajando cuatro (se pretende con protestas), y no puede ser que, por haber salido vivo de una pandemia, decidamos que hay que seguir pidiendo cita previa para ir a que nos vean el coche, a cambiar una cacerola, a que nos arreglen una herramienta porque los empleados siguen trabajando en remoto desde su casa para conciliar sus vidas. La empresa se rebela porque no gana lo suficiente. Los usuarios (que somos todos) nos enfadamos porque no hay atención, y la razón se pierde, porque trabajar está dejando de ser un premio y sólo descansar está reconocido.
A lo mejor por esas razones, hoy día del trabajo, es fiesta.

Matilde Muro Castillo
Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 1 de mayo de 2023




1 comentario:

Anónimo dijo...

Sin comentarios .🤐Esto les tenia que llegar a los que se creen esas milongas . Es imposible que andando para atrás pretendamos llegar a la meta . Insisto.. sin comentarios 🤐