Foto Juan Muro.
El Museo Provincial de Badajoz (MUBA) trabaja desde hace años en el rescate de figuras femeninas de la historia del arte, ocultadas exclusivamente por su condición de mujeres y ninguneadas sin otro motivo que no sea la del género. Exposiciones anteriores dedicadas a autoras extremeñas, de cuya obra se nutren fondos del propio museo, como Teresa Romero, Cándida Valle, Rosa Telesforo… son el preludio a esta asombrosa exposición que hasta junio se exhibe en el MUBA.
Cuando hace muchos años tuve la inmensa suerte de compartir tertulias con personas que formaban parte del ámbito de las artes plásticas en Madrid, los fines de semana recorríamos las exposiciones que se abrían en salas de arte de amigos, íbamos a ver cómo crecía el Museo Reina Sofía, y elucubrábamos acerca de los cuadros que nos llevaríamos a casa, si nuestra pericia como ladrones y las fuerzas del orden nos lo permitieran. A mí me podía la fuerza de Juan Gris. Siempre él, pero en una ocasión mi amiga Mónica me preguntó si no me gustaba más María Blanchard. A ella, traductora de bastantes lenguas, sobre todo de libros de arte, le fascinaba, y me contó lo que, hasta entonces, yo desconocía, y que estaba tan claro en su obra cuando aprendes a leer esas otras formas de expresión que laten bajo las texturas, los objetos retratados, las personas elegidas, los colores, las capas, los tamaños, los formatos, los materiales… y se alzó al primer lugar en mis preferencias María Blanchard.
He vuelto alguna vez, no muy cercana, al Museo Reina Sofía a verla, porque con motivo del día del libro de 2024 se recordó que una gran pintora española, Amalia Avia, había nacido ese día, y que era una gran olvidada en el mundo del arte, y que la historia se repetía, como con María Blanchard.
Amalia Avia, en su autobiografía “De puertas adentro” publicada en 2004, escribe: “Algunas de mis compañeras llevaban tantos años como ellos pintando y, sin embargo, todas adoptaron la misma actitud humilde y supeditada que posponía siempre nuestras inquietudes y nuestra vocación a las suyas. Me podrían decir que nuestra vocación era menor que la de ellos; puede que así fuera, aunque habría que saber el porqué”.
Aquí seguimos, aquí estamos: en el mismo punto de partida desde donde el silencio y la sinrazón ocultan a mujeres magistrales. Por ello, este placer infinito de tener colgadas obras de María Blanchard en Badajoz, es impagable. Tener a su alrededor a los compañeros pintores con los que compartió vida y acaso vocación, como escribe décadas después Amalia Avia, es un ejercicio casi de evidencia jurídica de que no hay menos arte, menos pericia, menos profesionalidad o peor forma de expresión en María Blanchard que en su entorno formado por Diego Rivera, Juan Gris, Lohte, Lipchit, y para que, ante la duda latente como consecuencia del género, nadie tenga argumentos con los que refutar la maestría de María.
La exposición es soberbia. Emociona su contenido y el trabajo realizado por el Museo para su organización. Quiero que sepan que me traería a casa sin dudarlo la obra titulada “La convaleciente”, porque volver a ver a Blanchard tan cerquita, te deja ausente.
Matilde Muro Castillo.
Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 13 de abril de 2026.