4 de abril de 2023

VIAJAR

 

Se ha desatado la locura hace unos días, y los lugares acusados de estar despoblados se llenan sin control. El silencio se termina, el pan también y no se puede tomar café donde todos los días, porque no hay mesas, ni camareros, ni suficiente agua para alimentar las cafeteras a presión.

No importa. La razón económica de las cosas lo mueve todo. Los bolsillos se llenan con el dinero de los que los vacían haciendo un acto de contrición, porque no les va a volver a pasar que les cojan desprevenidos y los encierren en casa durante meses sin haber conocido el paisaje con el que soñaban, el sonido de las campanas, las cigüeñas al natural o la playa cuando hace frío y saben que van a ponerse enfermos, pero lo harán fuera de casa.

Lo malo de este viaje es no estar dispuestos a modificar las costumbres cotidianas. A no entender que hay lugares sin semáforos, sitios donde una valla metálica corta las calles sin previo aviso y no pasa nada, parajes a los que no se puede acceder porque no hay información de la ruta, destinos en los que está mal visto tocar el claxon sin piedad porque su coche se ahoga por la lentitud, o porque el que va delante se ha encontrado con su hermana, para y le da la lista de la compra que no entiende y tiene que leérsela por la ventanilla, mientras el viajero del todoterreno pita y pita para que la vida se siga moviendo al ritmo que él mismo trata de exportar.

Hay que viajar, hay que salir, hay que contemplar cosas distintas para saber cómo cambiar las propias si lo observado es mejor, para hacerse más culto, más abierto y más transigente. Hay que salir del cascarón que es nuestro propio hogar, hay que abandonar de vez en cuando lo que se transforma en rutina para contemplar fenómenos naturales que desconocemos por falta de experiencia, ver animales que no sabíamos que existían y comprobar que la especie humana es la misma en todas partes, tan hermosa, miserable, simpática y odiosa como ese ser que al levantarse por la mañana se ve reflejado en el espejo. Hay que viajar. Es alimento del espíritu y necesario para oxigenar el cerebro. Hay que abandonar lo conocido para sentirse valiente, fuerte frente a las adversidades, dispuesto a sufrir incomodidades y evitar que el recuerdo posterior sea lo difícil lo único que atesore. Necesitamos el viaje para vivir luego en silencio, leer sobre lo contemplado y sacar conclusiones de lo que hay más allá del entorno confortable en el que nos movemos, acaso con la pretensión de cambiar para bien lo que nos ha resultado incómodo.

Si no podemos viajar, porque no es el momento y todo se nos va de las manos, como está ocurriendo ahora, no importa. Mantengamos la actitud viajera y pensemos en lo que escribió Marguerite Yourcenar: “la ventaja de la inmovilidad en un punto del mundo, mirando rotar las estaciones desde ese mismo punto, se viaja siempre, se viaja con la tierra”.

Si no han encontrado alojamiento, si no pueden viajar esta semana, mantengan la actitud y desplácense por el universo. Es muy grande y no hay tanto ruido.

Matilde Muro Castillo.


Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 3 de abril de 2023.



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo. Por eso me he venido a Costa Rica 🇨🇷.

Mariado Madrigal de Madariaga dijo...

Me ha encantado. Ya estoy haciendo la maleta … pero viajaré huyendo de las fechas claves para ver y aprovechar todo lo que me has indicado en este artículo . Te mandaré una postal querida amiga Matilde !!!

Anónimo dijo...

Me encanta viajar y también que vengan a mi pueblo gente que hacía mucho que no veía se llena el pueblo de gente en las terrazas hablamos ,nos reímos recordamos la economía en el pueblo es mejor y eso siempre es bueno,me gusta mucho todo tu r