14 de septiembre de 2026

HASTA QUE PASE

 



Tengo la suficiente edad como para haber vivido cosas que a la mayoría de los que ahora plantan sus pies en la tierra les resultan ajenas, y yo, como consecuencia de la edad, les resulto inútil, despreciable y sin derecho a la pensión, porque la quieren ellos para seguir orinándose en mi puerta al ritmo frenético que ampara el ayuntamiento con subvenciones inexplicables a bandas “musicales” demoledoras que destrozan uno de los patrimonios más importantes de España, permisos de beber en la calle sin control alguno e instalar equipos de música que hacen temblar las estructuras de los edificios hasta que llega el día siguiente, y después siguen,  o dejarme colgados en el llamador de la puerta condones usados, o impedirme que acceda a mi casa porque se han tirado en la puerta y están drogados y no oyen mi petición de que se retiren del paso (si lo tienen a bien).
Tengo que modificar mis hábitos de vida cuando el “empresario” de enfrente ha decidido usar un edificio que es patrimonio histórico como lugar de celebración de eventos en los que la desinhibición, la mala educación, la música atronadora, el uso impropio del inmueble, los horarios y aforos incontrolados, la falta de medidas de seguridad, la falta de acceso a personas con dificultades especiales o salidas de urgencia, son elementos que el ayuntamiento ha soslayado a favor del empresario que, con el descanso de los vecinos, se está forrando y arruinando nuestras vidas y nuestra forma milenaria de ser.
Es insoportable el tratamiento desvergonzado de los medios de comunicación, en uno u otro sentido, con manifestaciones que pretenden que desaparezca algo tan propio de la decencia como es la honradez de funcionarios en su puesto de trabajo. Da igual. Les importa nada acusar a bomberos, policías, enfermeros, médicos, profesores, jueces, agentes del orden, barrenderos, catedráticos, jardineros o peones de obras, si lo que hacen no les conviene, o se niegan a ser comprados para infringir la ley en cualquier sentido. Comprar sumarios judiciales, hacer públicos informes médicos privados, cacarear en medio de esa protección que se han autoimputado de “la verdad suya” elucubraciones fantásticas o descubrir realidades (que es su misión), me hace dudar de todo, y la realidad es que todo parece que se desmorona.
Me reconcilio con ser y vivir en España viendo jugar a Alcaraz, a Enric Mas ganar la vuelta ciclista a España, oír cantar a Rosalía a cualquier hora, ayudar al chef José Andrés cuando puedo, recordar a Margarita Salas, hablar con alguna frecuencia con Carmen Iglesias, leer textos de Luis Landero, ensayos de Enrique Moradiellos… pero me han quitado el silencio, la pasión por enseñar Trujillo a quienes lo desconocen (ahora la ciudad da vergüenza), he suspendido los paseos con mis perros porque vuelven con las patas infectadas de basura y los estómagos resentidos de olores nauseabundos, además de no haber árboles en los que puedan orinar: los han cortado para no tener que regarlos.
Me lo están haciendo difícil, porque los mayores necesitamos silencio, tranquilidad, poder vivir de nuestras miserias rodeados de recuerdos amables que podamos comprobar que en su día fueron ciertos, y no creer que hemos perdido la cabeza porque han desaparecido.
De momento, las ganas de contárselo por escrito, no se me han pasado. Pero todo se andará.