6 de marzo de 2024

LA CULTURA

 


Reconozco que la situación actual me produce desasosiego. Me afectan mucho los acontecimientos nacionales e internacionales. Me ha dolido la muerte de Navalni (y no sé si debería gustarme o no el personaje), pero su asesinato me ha parecido de una crueldad superior a cualquier cosa que pudiera imaginar sobre Putin. Los asesinatos en masa de Israel sobre Gaza se veían venir, porque desde hace muchos años Israel depreda Gaza hasta hacerla desaparecer en medio de la indiferencia mundial. De ese asunto tengo cierta coraza que se refuerza al dejar de ver volar las cometas de los niños gazatíes, no sé si por falta de cometas o por falta de niños. Sigue impresionándome la guerra de Ucrania, la fortaleza de esas personas que ponen sus vidas en el frente para evitar que les arrebaten sus tierras, religión, tradiciones e hijos, a los que se llevan impunemente para cambiarles el nombre y el aspecto. Me horroriza la hambruna de África, me entristecen los incendios, me acobarda la impunidad ante la conservación del patrimonio mundial, y si me pongo a mirar de puertas hacia dentro entonces se me saltan las lágrimas: voces, irregularidades manifiestas, descaro ante el incumplimiento de la ley redactada sin consensos, robos a manos llenas y luego amnistiados, ausencia de empatía ante el dolor de la muerte de antes y de ahora… es como si viviera en un mundo desolador en el que hay muy pocas escapatorias para ser feliz a pleno pulmón, pero tengo escapatoria.

Desde hace mucho tiempo, desde que tengo uso de razón y mi padre me regaló Alicia en el país de las Maravillas, he encontrado la forma de escapar a la angustia que me proporciona el entorno. La Cultura (con mayúsculas, sí) es la ventana que nos permite escapar al mandato sistemático del horror y la inmoralidad que nos atenaza los sentidos.

Leer nos permite escapar sin molestar y sin que nos echen de menos. La música nos baja la tensión, nos relaja y doblega el espíritu. A veces nos hace llorar de emoción, de placer o de no sabemos qué, pero nos embarga el ánimo. La pintura nos transporta a otros mundos, nos enciende los sentidos y educa el gusto. Nos enseña a ver con ojos de otro y aceptar esa visión como propia sin necesidad de discutir, aunque no estemos de acuerdo. La fotografía nos brinda imágenes que el ojo humano no es capaz de detectar. Nos fija para siempre acontecimientos que no van a volver, retiene en el papel miradas que jamás se volverán a producir y podemos guardarlas para siempre y nos transportarán a ese instante que no retornará. El teatro es la vida ajena que se hace propia y nos enseña de la experiencia de otros. No hay nada inventado, aunque lo parezca, podemos salir de nuestra angustia y vivir la que nos regalan en escena, el humor, la tragedia, la generosa exposición de sentimientos ajenos que se vuelven propios en un espacio de tiempo tan corto como para permitirnos cambiar de vida sin casi darnos cuenta.

Así hasta una y otra, y otra, de las manifestaciones que hacen Cultura, ese concepto que no interesa a los que mandan, porque nos hace sentir fuera de ellos, libres, y sin dar mucha importancia a sus luchas, mandatos e imposiciones. 

Continuará …

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 5 de marzo de 2024.



3 comentarios:

Lore dijo...

Ay Matlde nos lees el alma!!

Lore dijo...

Solo me falta añadir la fuerza del amor que mueve montañas

Anónimo dijo...

Magnífico