11 de abril de 2022

ALEPO

 

ALEPO

Una brillante mañana del mes de abril de 1992 llegué a Alepo en Siria. Conducía yo desde Damasco un automóvil reparado como los cubanos, a fuerza de piezas elaboradas en fraguas ancestrales, remachada la carrocería con latas de refrescos, y la tapicería de un plexiglás que, en medio de esa temperatura desértica, pasaba a formar parte del atuendo de los pasajeros sin mayor esfuerzo, pegada con sudor y tierra como si hubiera nacido con ella.

Hotel digno, sin grandes estruendos, con desayuno incluido, y unos empleados que me dejaron la maleta y el equipo de fotografía en el suelo porque ellos no servían a mujeres. Ya me daba igual todo. Llevaba más de un mes correteando por ese país y cualquier desdén me resultaba familiar.

A la mañana siguiente me voy al museo a ver qué tienen, y no consigo llegar. Alepo es un sueño. Una ciudad de color sepia, donde las calles se entrelazan compartiendo espacio a puñetazos. Los balcones ocupan las sombras del de enfrente y el adobe brilla a fuerza del roce de los transeúntes que transitan sin cesar cargados con toda clase de mercancías, sin saber muy bien el destino de ninguno de ellos. La ciudad vieja se alivia en la plaza de la mezquita rodeada de árboles bien cuidados, y atravesar esa plaza supone volver al barullo frenético de una ciudad vivísima, en la que hay una gran cantidad de anticuarios que venden toda suerte de piezas que siguen saliendo de las excavaciones que, en teoría, iba yo a fotografiar. Locales diminutos que vomitan alfombras de lana de oveja sin teñir, alfombras de seda tejidas con primor, esculturas negras de basalto con inmensos ojos de marfil y ébano, piezas de barro que dicen venir desde Ugarit, panderetas de piel de cabra, sillas de montar camellos, collares de ámbar, y un sinfín de objetos que te transportan a la leyenda de las mil y una noches sin mucha dificultad.

Los habitantes son amables, sonrientes y no se sorprenden al verme sola paseando por la ciudad, pidiendo un kebab en la calle, no llevando hiyab y fotografiando todo lo que encuentro a mi paso.

Cuando llego al museo, los guardianes dormitan porque el calor es sofocante y hay muy pocos visitantes a los que vigilar. No me registran, ni me descalzan, ni me amenazan, ni me quitan la cámara, me dejan pasear, fotografiar todo lo que quiero, me siento en algunos bancos y dibujo. Se acercan sonrientes a ver qué hago y me ayudan a saber sobre el mapa dónde están los lugares que no debo perderme cuando salga del museo. Todos dicen que el zoco y la ciudadela. Voy al zoco y es tal la magnitud del mercado y la belleza de su arquitectura, que decido dejarlo para el día siguiente y para el siguiente la ciudadela.

Hoy no queda nada. Putin lo arrasó hace once años por una locura como la que está practicando en Ucrania. Putin acabó con el origen de nuestra civilización porque sí. Todos nos cruzamos de brazos porque estaba lejos.  Siria sigue desangrándose y nuestra historia yace enterrada entre escombros de bombas de Putin.

Despídanse de nuestros museos o hagan algo. Con mi llanto amargo no basta.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el diario HOY el lunes 28 de marzo de 2022.


4 de abril de 2022

¡ALÓ PRESIDENTE!

 

Señor Presidente del Gobierno, con todos mis respetos.

Estoy admirada de su capacidad física para afrontar lo que los tiempos, que todos vivimos, no sólo usted, nos están deparando.

Es verdad que la comida, el aseo personal, la limpieza de casa, el cuidado de los hijos, las firmas de las notas, las fiebres y malas noticias hogareñas se las lleva su mujer, que imagino que no le hará las maletas, porque menudo trajín lleva usted de día y de noche haciéndose presente sin dudarlo allí donde usted considera que debe de estar y, aunque sea por sorpresa para todos, no falla.

Ahí radica mi inquietud y petición de explicaciones. Cuando usted se mueve de avión en avión, de reunión en reunión, de cónclave en cónclave, de carta en carta, de cumbre en cumbre, de parlamento en parlamento, de senado en senado, de centro de refugiados en cumbre de volcán, de recepción de cadáveres y va al funeral después, ¿se lo consulta a alguien, o es una decisión que le viene a la cabeza mientras en los tiempos perdidos (que alguno habrá), juega al baloncesto hasta caer agotado contra si mismo?

Es cierto que la gestión que demanda la situación mundial actual resulta frenética, pero se va a morir de un ataque de su mismidad.

Considero que, si usted consultara las cosas con alguien, si le aportaran ideas, si confiara en alguno de los que usted ha decidido que le sigan en esta enorme aventura que es el mandato político, su vida sería más larga y confortable. La de los ciudadanos que somos los que contemplan con estupor sus ocurrencias y vitalidad, a lo mejor también mejoraba y dejábamos de auto medicinarnos con pastillas contra la taquicardia o la subida de tensión.

No es que no le esté agradecida por el esfuerzo, todo lo contrario, pero veo en la distancia que está adoptando actitudes que no casan bien con el aparato democrático que nos hemos dado. Las prisas son enormes, desde luego, pero usted no puede estar como una escopeta de lado a lado dictando normas, y doblegando acuerdos, si la maquinaria del estado no permite ejecutarlos. Está cayendo en su propia trampa de establecer una burocracia que corta la comunicación con los ciudadanos, y hacerles creer a sus súbditos que lo que anuncia desde la cabina del último avión en el que se desplaza, va a ser posible.

No nos puede tener sometidos a una tensión emocional de cambios constantes de opinión, (armas si/armas no, por ejemplo), porque nos afecta más de lo que puede imaginar.

Por si no estábamos ya bastante inquietos, se le ocurre escribir al rey de Marruecos para darle la razón en no se sabe qué y que le invite al Ramadán, a comer en esa ceremonia de saltarse el ayuno y molestar a los creyentes. Hombre, es todo un poco raro y cogido por los pelos, amén del disgusto que, si se tira demasiado de esos pelos, pueden proporcionarnos los árabes, que no tienen nada de comprensibles con la vida humana.

Le ruego que explique algo, y si hace falta, copie a Chávez y por la mañana en la televisión que usted quiera, convoca un ¡aló presidente! y nos cuenta sin mentir qué es lo siguiente a lo que hemos de enfrentarnos.

Matilde Muro Castillo.

Publicado en el diario HOY de Badajoz el lunes, 4 de abril de 2022.


7 de marzo de 2022

 

Foto: The Economist. Bandera de Ucrania de marzo de 2022

TENGO PENA.


No sé qué habrá pasado en la guerra de Ucrania cuando ustedes lean esto. Lo escribo tres días antes de que aparezca y ya el horror se extiende por el continente como si fuera propio.

Veo las mismas imágenes que ustedes, me paseo entre televisiones que no saben cómo descifrar lo que ocurre. Repetidamente veo al psicópata que ha producido todo en nombre de no se sabe muy bien qué, porque las mentes enfermas son difíciles de escudriñar, trato de saltar a otros lugares de entretenimiento para descansar, pero no es posible: la noche y el día se juntan recibiendo bombazos en forma de noticias, cada vez peores.

Los analistas se devanan los sesos tratando de contarnos cuáles han sido los antecedentes de ese sujeto, si nació niño o salvaje, si su madre lo alimentó con rabanitos o leche de cabra, si su padre le pegaba, o su tío le daba aguadillas cuando era pequeño, pero nada de eso conduce a la verdad de un animal asesino, de maldad demostrada, de inestabilidad emocional comprobada y con una visión de la propiedad del mundo muy parecida a sujetos que, en distintas épocas de la historia, han arrastrado a la humanidad a sucesivas destrucciones con pérdidas de vidas humanas irreparables, genios que nunca llegaron a serlo, obras maestras que no se conocen o comportamientos que se transforman en violencia cuando, por acción de esos sujetos indeseables, sólo se pide venganza, muerte y desaparición de los provocadores de semejantes catástrofes.

Creer que no hemos cambiado, que seguimos siendo los mismos que cuando Hitler arrasó Europa, que mantenemos el mismo desparpajo para soltar bombas atómicas que los americanos contra Japón, o que los campos de concentración son hermosos lugares de residencia para los desterrados, dice poco de nosotros, si es verdad.

Ese sujeto tiene que desaparecer. Si hay que ahogar a Rusia en sus miserias imperialistas, habrá que hacerlo, y enseñarles a vivir con el dominio de la razón europea, que no ha dado malos resultados hasta ahora a pesar de la lentitud, las corrupciones, las malas prácticas, dejarse manejar por Merkel sin discutir sus decisiones de hambruna cuando aprietan los combustibles y los banqueros, y la falta de liderazgo, que no es más que una bondad en medio de tantos iluminados que mandan a fuerza de masacrar a gentes buenas que sólo quieren vivir en paz, con su idioma, su comida, la música de sus pasados y las fiestas de antaño que nos hacen reafirmarnos en nuestras formas de ser sólo como seres humanos, y no como pertenecientes a una sociedad cerrada sobre la que mandan desnortados que no aceptan la evolución.

Soy una convencida de que hay más margen, que se puede aislar radicalmente a Rusia, que se puede extender una capa de silencio comercial, humano y económico sobre ese loco. Es verdad que dentro de Rusia hay personas que no merecen estar bajo el dominio del depredador, pero habrá que enseñarles qué significa salir de casa con una maleta, tres niños y sin saber hacia dónde vas y quién te quiere recibir.

Hoy había más de un millón de refugiados. En tres días ¿qué habrá pasado? 

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el HOY de Badajoz el lunes 7 de marzo de 2022.




20 de febrero de 2022

LAS GALLINAS

 

LAS GALLINAS

A mi madre, que era lista además de inteligente, nunca le gustaron las gallinas. Sus razones eran más que convincentes: sucias, ruidosas, se dejaban embatir por el gallo sin protestar, no reparaban en lo que comían, una vez muertas eran de carne dura, y había que convertirlas en calditos de parturienta para poder ser digeridas, con lo que el gasto del combustible para alcanzar tal estado líquido a partir de la materia, no compensaba la cantidad de huevos que hubieran puesto a lo largo de la vida. Eran caprichosas, ponían huevos cuando les convenía y todo les molestaba: el frío, el calor, la nieve y el sol.

Decía además mi madre, que eran idiotas. No eran capaces de escapar cuando el zorro merodeaba por el gallinero y se quedaban atontadas mientras veían caer una tras otra a merced del atacante. No hacen equipo. No se agrupan para la defensa. No las hay mejores ni peores. Se distinguen por su aspecto físico y el color del plumaje, pero poco más. El tono del cacareo es el mismo, y si las meten en granjas, ni con Tchaikowsky las callan.

A lo mejor la apreciación de los expertos en gallináceas es radicalmente distinta a la de mi madre, que se dedicaba sólo a opinar por lo que a las gallinas respecta, pero visto desde lejos, creo que no le faltaba razón.

A mi madre la tengo presente a todas horas. Sin decir hoy más que ayer, o que he ido al cine y se me ha olvidado, o que tengo otras cosas en las que pensar y la cabeza me la deja de lado. No. Mi madre está siempre conmigo, pero he de confesar que, desde hace unas semanas, más que nunca, porque no puedo dejar de pensar en ella cuando repaso el panorama que el gallinero del Partido Popular nos está brindando a la ciudadanía.

Uno de los guardianes del gallinero se ha dejado la puerta abierta sin querer y le han tocado los botones sin darse cuenta de que lo que él quería no es lo que quería el que le ha manipulado la voluntad por medio de técnicas que desconoce. Donde ponía si era no. La pausa no funcionaba. Vino un viento lejano y le apagó la luz mental de repente, y apretó el botón de abrir y no el de cerrar. El gallinero se alborotó ante ese cambio de costumbre y el griterío, se lo pueden imaginar, y ahora recordar.

Las gallinas no sabían que el zorro merodeaba haciéndose el espía de la alimaña. Entre el espía disfrazado y la alimaña que no mata para comer, sino que come para matar … ha vuelto el griterío.

Como el ruido es ensordecedor y nadie le interesa, la parte de la granja que alimenta otras especies de poco fiar, ha decidido quedarse en silencio y mirar, por si se escapa un tiro y tienen que agachar la cabeza.

Mi madre tenía razón. Siempre tenía razón. Las gallinas son idiotas, ruidosas, sucias, mentirosas, sin voluntad y nos salen carísimas, porque los huevos no son tan necesarios, y si lo son, hay veces que los ponen otros.

Matilde Muro Castillo

Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 21.02.2022



8 de febrero de 2022

NERVIOSOS

 


Esta bofetada recibida por la humanidad en forma de virus ha desatado reacciones distintas, explicables unas, e inexplicables la mayoría.

Yo noto nerviosismo en la población, en el más amplio sentido. En toda la población, sea cual sea su actividad o estado catatónico, pero nervioso.

Lo que más inquieta al ser humano es la inseguridad que la mentira provoca, el desconocimiento de las cosas, y la ambivalencia de todo lo que consideramos que puede ser el norte de nuestros días. Ha desaparecido la verdad sistemática, los saberes ya no sirven los de siempre, y el “si, pero …” es el favorito cuando buscas soluciones a tonterías como la validez de algo que te obligan a tener (por ejemplo, el pasaporte Covid).

Es necesario cambiar sí o sí de analógico a digital, sin otra explicación posible que el cierre de las puertas y la desaparición del trato humano. Hay que asumir que los bancos pueden hacer de ti lo que ellos quieran, porque con cambiar las condiciones contractuales de tus miserias, te pueden arruinar, porque dicen que no has leído lo que te escribieron el año pasado y que permaneció setenta y dos horas en tu buzón de entrada de la app que no te has instalado,  porque tu teléfono carece de capacidad para hacerlo, y no tienes mil euros para cambiarlo por el que el banco te ofrece a cómodos plazos al treinta y dos por ciento de interés,  y lo han borrado sin que lo leas, con motivo de esa asquerosidad de mentira que es la protección de datos.

Esos datos tan protegidos (ja,ja,ja,) los manejan a su placer los bancos, las instituciones, los servicios públicos y hasta la iglesia católica, que ya es el colmo, para disponer de nuestros bienes, horarios y aficiones.

Llevo más de dos semanas intentando ayudar a unos amigos a presentar el Ingreso Mínimo Vital, y esas plataformas maravillosas que dicen que ellos (que no tienen ni para pagar la luz) han de usar, carecen de cita previa para que sean recibidos en persona.

En mi móvil recibo avisos constantes de engaños con signos externos bancarios, correos, seguridad social, sanidad… etc, que pretenden que por el módico precio del engaño de dos euros habilite el aviso urgente que tienen guardado, a cambio del número de mi cuenta corriente, o de una tarjeta de crédito, o cualquier dato que pueda ser objeto de robo.

Constantemente soy afortunada con un premiazo nunca visto de un teléfono de última generación, una vivienda en California o un aspirador que anda solo por mi casa, si les proporciono los datos de mi escaso acervo patrimonial.

Este bombardeo de engaños, mentiras, manipulaciones ocultas, desprecio a la persona, delincuencia en definitiva de guante blanco, genera un nerviosismo que detecto general en la población, a la que cuando tratas de ayudar de buena fe, sospecha y te insulta creyendo que vas a engañarla, que no vas a cumplir con tu palabra, o que has surgido de la estratosfera, porque lo general es el ataque, el robo, el maltrato y la consecución de dinero a costa de cualquier cosa.

Se hace difícil vivir así. 

Matilde Muro Castillo.


Artículo publicado en el Diario HOY de Badajoz el lunes 7 de febrero de 2022.


5 de febrero de 2022

EMPLEADAS DE HOGAR

Foto: Europa Press.

No hace falta que explique a qué me refiero, si han leído el título.
Son personas imprescindibles en la sociedad que nos hemos dado desde siempre, porque las obligaciones de mantener una casa, hijos, trabajo y maridos, son imposibles de asumir por una sola persona (mujer) que desempeñe todas esas tareas. Otra cosa es, y no digo que no sea igualmente penoso, si no hay trabajo externo, o no hay hijos, o no hay maridos. Uno solo, si así lo desea, puede mantener su casa desde que se levanta hasta que se acuesta, sin hacer otra cosa, pero con resultados de dudable calidad.
Esas personas (mujeres casi al cien por cien), forman parte de nuestras vidas y son una de las mayores fuerzas de trabajo olvidadas por el mero hecho de ser mujeres, obligadas a la esclavitud como consecuencia de haber nacido, y maltratadas económica y socialmente.
Las ayudas para salir de la pandemia (que a ellas también les ha afectado), están dirigidas sólo a jóvenes emprendedores, empresas que alicatan campos con placas solares, limpiadores de purines de granjas de cerdos, emprendedores digitales, y cursos de alta cocina o baja comprensión, pero en ningún caso hay ayudas para sacar a la luz la condición de las empleadas de hogar, ayudando con el pago de la seguridad social, por ejemplo a los empleadores, y limpiando ese sórdido mercado de trabajo en el que se mueven, y donde radica la miseria de los fondos ocultos, porque los cabeza de familia no quieren darlas de alta, no quieren pagarles el salario que merecen, y se niegan a que coman en sus mesas.
Las empleadas de hogar merecen la consideración pública que se han ganado, siendo el arma infalible del mantenimiento de nuestros hogares. Si las administraciones públicas de todo tipo emplearan fondos, que son de todos, en adecentar ese mercado enrarecido, con ayudas, subvenciones a la contratación, cursos subvencionados de especialización, educación de los cabezas de familia en el trato de ellas, y consideración de esas trabajadoras como seres humanos, el vuelco a la economía sería muy importante.
Sociedades empobrecidas económicamente como la extremeña, con respecto a otras comunidades, daría un salto cualitativo en aflorar una masa laboral de mujeres de todas las edades que trabajan ocultas y escondidas, pero que son el esqueleto de nuestras casas y sin las que los abuelos, los hijos, los nietos y los maridos estarían atendidos. Si tú pagas, desde luego recibes. No hay mejor inspector de trabajo que un cabeza de familia. No hay mejor control de calidad que la comida puesta en la mesa y guisada por la empleada que te atiende. No hay mejor pediatra que la empleada de hogar que sabe si el niño tiene fiebre o cuento para no ir al colegio. No hay mejor economista que la empleada de hogar que sabe de dónde flaquea el monedero. Eso hay que dignificarlo, hay que ayudar a cambiar el concepto y para ello hacen falta ayudas, porque no es posible emprender tareas nuevas de configuración social si no nos implicamos con reconocimiento económico.
Saquen subvenciones para dar de alta a empleadas de hogar, y se sorprenderán del resultado.


Matilde Muro Castillo.


Artículo publicado en el Diario HOY de Badajoz el lunes 24 de enero de 2022.

NECESIDAD (mi recuerdo a Almudena Grandes)

    Fotografía de Almudena Grandes de la cuenta de Twitter.



He dejado pasar los días, a ver si la pena se mitigaba, pero sigo buscando en los medios las necrológicas dedicadas a Almudena Grandes, como si de un familiar se tratara, y tuviera que pegar en mi álbum imaginario de firmas y pésames las páginas dedicadas a su muerte.
Hoy, ante la suerte que tengo de una columna quincenal, quiero hacerle mi homenaje y tratar de explicar lo que con ahínco he buscado para entender porqué me he sentido huérfana ante su desaparición, si no nos unía nada indisoluble, y he de reconocer que, aunque he leído su obra, no esperaba ansiosamente la siguiente aparición de lo que urdía, a fuerza de tecletear en el ordenador con disciplina prusiana, a diario, porque inconscientemente sabía que algo más iba a salir de ese trabajo constante en medio de guisos, consejos, compras de ama de casa, preocupaciones por los hijos o arreglos de bricolaje, que son difíciles de encargar y menos aún de conseguir.
A Almudena yo la sentía como la madre de los desarrapados que, en general, ocupamos las zonas del mundo por el que todos transitamos sin sabernos así, porque ella nos hacía sentir acompañados. Era la madre que sabía siempre lo que necesitaba la alacena de la cocina, lo que se había acabado y teníamos que reponer, o lo que había que racionar porque era difícil conseguir.
Como trabajaba de esa manera tan constante y precisa, yo daba por seguro que las palabras que surtían las hojas de sus libros era certeras y no merecía la pena la comprobación, pero no semánticamente, sino oportunas, necesarias y ocupando el lugar que el relato reclamaba, sin posibilidad de cambiarlas por algo que resultara más estético y evocador, porque su literatura era esa, la que ha creado la necesidad de la recuperación de la memoria colectiva que, a fuerza de repetir necedades e inexactitudes llenas de mala intención, se estaba configurando como la historia real que había que asimilar como tal, contra lo que ella luchó con denuedo, mientras el estofado de la cocina se hacía a fuego lento, sin llegar nunca a oler a quemado, a pesar de las horas de abandono en los hornillos.
Almudena era segura y rotunda, y me transmitía esa seguridad, necesaria siempre en los admiradores de seres como ella, a los que no se ponen pegas y sólo sueñas con que no te fallen nunca, y ella nunca me falló. Cuando sus libros de casi mil páginas asomaban a los escaparates de las librerías, a veces me costaba pensar en la lectura, pero siempre la certeza de saber que aquello contenía el esfuerzo de la tesonuda investigación y un trabajo feroz, me hacía empujar la puerta del lugar, oír la campanilla que avisa mi entrada, y hacerme con el ejemplar; y cuando empezaba la lectura, el aroma del bizcocho en la casa, el calorcito del rayo de sol de la ventana y el arrullo de su lectura me transportaban al regazo de la madre que me enseñaba cómo la historia que ella me contaba era la real, y que lo otro, lo edulcorado, era cosa de hadas, que no existen.
La pena me sigue.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el Diario Hoy de Badajoz el lunes 17 de enero de 2022.


29 de diciembre de 2021

UN TOQUE

 



He pasado un año infernal pidiendo ayuda para la supervivencia de una asociación dedicada a la cultura en Extremadura. No he conseguido nada.
En Extremadura la cultura es cosa de la Junta. No hay paso a nadie que se empeñe en hacer cosas innovadoras, útiles, generosas o inesperadas. Todo tiene que pasar por el filtro de la Junta, de la consejería correspondiente y de sus funcionarios o personas designadas a dedo para ocupar cargos administrativos.
Verán, les explico. Si te empeñas en traer a tocar el piano a Lang Lang por ejemplo, y necesitas una ayudita, como es normal en todas las actividades de esta región, has de presentar tres presupuestos de personas que tocan el piano como Lang Lang. ¿Cómo? , dices a los responsables de los presupuestos, y te contestan que es lo que manda la ley de presupuestos y que salen a plataformas, a concursos, y habrán de pasar el filtro de la conveniencia o no de que ese señor venga a tocar el piano a Extremadura, y de entre los tres presupuestos, los veintidós informes, las demoras, los retrasos por culpa de la pandemia, las inconveniencias de los que no saben de quién se trata el tal pianista, los informes telemáticos del funcionario que trabaja desde su casa, al que se le ha colgado la línea y no es capaz de mandarlo porque la tal línea es escasa y no tiene capacidad para atender a todos, es mejor que decidamos irnos a la feria de turno a ver si nos toca una muñeca chochona en la tómbola correspondiente, y así escuchamos música, que en definitiva es lo que estamos pidiendo.
Los plazos son insufribles. La falta de decisión, el bloqueo permanente, la incapacidad de gestión es memorable. No mejoramos. Al contrario, vamos en un auténtico retroceso, y me gustaría que los responsables de cultura tuvieran la torería de decir públicamente cuáles han sido los fondos que han devuelto a origen sin aplicarlos, porque no han sido capaces de ejecutar lo proyectado.
La cultura es esa prótesis que necesita la sociedad para vivir. Las prótesis son caras, a nadie le gusta que se le vean y procuramos no manifestar esa deficiencia, pero sin ellas no se puede vivir. La misión de los administradores del dinero público de la cultura es saber de cultura lo primero, luego saber que lo que hacen es tan necesario como los de la sanidad, el campo o la tecnificación de la sociedad. Con esa displicencia, abandono, injustificado silencio con el que se considera a las asociaciones culturales que mantienen el esqueleto espiritual de la región, no se puede tratar. Todo no es dinero, pero sin él no se puede hacer nada. Todo no es dinero, pero matar de hambre e impedir que se busquen otros medios, es crueldad pura y dura. Ustedes, señores de la junta de Extremadura, lo quieren copar todo y mandar sobre todo. Entonces tienen que financiarlo con la generosidad con la que las asociaciones culturales se manifiestan, y a las que usan para lustre propio presumiendo de libros que no han hecho, museos que no han financiado, músicas que no han compuesto y literatura que no han escrito.
Antes de aprobar los miserables presupuestos de cultura para 2022, piensen y rectifiquen.

Matilde Muro Castillo

Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el lunes 27 de diciembre de 2021


14 de diciembre de 2021

EL ESPEJO

 



Los humanos de a pie vivimos mundos que no se corresponden con los mundos de los que dicen que nos mangonean. Nuestra vida es mucho más comprensible que la que se elabora a fuerza de decretos, declaraciones, composiciones matrimoniales de conveniencia o fugas de capitales hacia paraísos inaccesibles para los que, con sangre propia, producen las riquezas que esos artífices de mundos inalcanzables, atesoran.
No es tan difícil darse cuenta de que la mayoría estamos en el otro lado del espejo, ese que no refleja nada de nada, pero sin cuya oscuridad no sería posible la luz que emana de la otra cara, y que representa al que no hace nada, al que se pone frente al cristal oscurecido por la miserable sociedad que cree esclavizar para que se mire el todopoderoso.
Leonardo, que era zurdo, descubrió en la magia del espejo cómo poder entender lo que se escribía en sentido opuesto al común de los sentidos de la grafía, y supo que, mientras navegaba por la oscuridad, nada le molestaría en sus investigaciones, y sólo pondría en claro lo hallado si usaba la parte brillante del espejo. Leonardo sabemos que era sabio, pero no podemos saber qué se quedó en lo oscuro de esa mente prodigiosa que a todos deslumbraba cuando usaba el espejo para leer.
Nuestro mundo es así. Los que habitamos la oscuridad, nos creemos poseedores de la luz, pero no es cierto.
Los artilugios políticos, financieros, tecnológicos, inmorales y conceptuales deslumbran los comportamientos actuales y ciegan la visión de los que están escondidos generando luz al otro lado.
Nos mienten sin descaro. Nos engañan sin moral. Nos hunden en nuestras propias miserias, mientras las montañas de riquezas materiales son cada vez más altas y menos accesibles a los generadores de las mismas.
Nuestro mundo se está convirtiendo en algo intratable, difícil de sobrellevar y tendente a encontrar la paz en la oscuridad, algo que va en contra del ser humano, de su desarrollo, del esfuerzo manejado por todos y que debería redundar en beneficio de todos en forma de luz.
Spinoza, el maestro de la bondad, el filósofo de las buenas intenciones, el que creyó aleccionar a los alumnos de la época, dijo que la generosidad era el motor de la riqueza, pero Spinoza se ha quedado obsoleto ante la manipulación a la que estamos siendo sometidos.
Antes, estas maniobras se quedaban ocultas, no había forma de entender porqué cuanto más trabajabas, inventabas, estudiabas o creabas eras más pobre. Ahora esas armas del oscurantismo se están abriendo por las hiendas que los espejos hacen cuando se usan demasiado, se limpian por la cara brillante, o se caen haciéndose mil pedazos que reflejan lo mismo que cuando estaban enteros.
Ahora, las armas de la comunicación, de la mentira universal, del horror de los comportamientos en contra de los más débiles, tienen a veces la mira torcida o el cañón atascado y se les vuelven en contra. Pero son pocas esas veces, aunque por los arañazos de los espejos entra la luz de lado a lado y dejan de brillar.
Cuidado.


Matilde Muro Castillo.
Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 13 de diciembre de 2021.



29 de noviembre de 2021

APRENDER

 


Nos hacemos viejos sin querer. No me importa decir vieja, porque me gustan las cosas viejas, y cuanto más tiempo pasa, más me acepto en medio de la autocrítica, que no me deja vivir tranquila.
He repasado mentalmente cosas que he vivido y tenido que aprender a fuerza de golpetazos. He tenido que sobrevivir a cosas inenarrables, como no poder abrir una cuenta corriente cuando empecé a trabajar y me querían pagar, he aprendido a olvidar la peseta, y casi me cuesta la ruina total, y no sé si la cárcel, porque no entendía lo que gastaba y parecía que los bancos me regalaban. He aprendido a que el gasoil de mi coche molesta y procuro no andar con él por las grandes ciudades, que se las quieren dar de limpias y sin ruido (no voy a ellas, gracias a dios), pero no me gusta molestar.
He aprendido a manejar el ordenador (con muchas limitaciones, eso sí), pero me defiendo.
He tenido que cambiar mi opinión sobre los bancos, que antes eran lugares seguros para los que creíamos en ellos, y se han transformado en cuevas de animales carroñeros donde todo lo mío es suyo y sin explicaciones por parte de ellos, porque por mi parte he de decirles a todas horas qué voy a hacer con mis miserias, antes de que ellos las manipulen.
He aprendido a aceptar la lucha por todo, absolutamente por todo lo que es de sentido común, como que te reconozcan un trabajo bien hecho, que te quejes de un jefe canalla que intentó arruinarme algunos años de mi profesión, que me hagan caso cuando la idea que expongo parece que ha salido del género masculino, que me reconozcan que sé interpretar leyes en su justa medida,  porque sé leer igual que un funcionario que se dedica a enredar para deshacer la moral del personal con disquisiciones envueltas en su mente de tela de araña, y las cosas son más simples de lo que parecen.
He aprendido a dejar de querer, porque a veces no es conveniente querer tanto. He aprendido a olvidar, a pesar de tener una memoria que a veces me juega malas pasadas. He aprendido a disfrutar de la vida como Annie Leibovitz, esa fotógrafa a la que admiro sin límites y que dice que “mi vida ha sido un viaje salvaje”. He aprendido a saber que, si vives en un lugar hermoso, como me pasa porque vivo en Trujillo, te haces mejor persona, porque la belleza de sitios como esta ciudad llegan a moderarte el alma y los comportamientos; y muchos me dirán que no es verdad, pero es que no tienen el placer de pasear por esta ciudad maltratada por los gobernantes de turno, asolando sus paisajes alicatando con placas solares el entorno, restaurando iglesias del siglo XV con obras fantasmagóricas o usando su nombre para proyectos que generan más destrucción que bienestar a sus habitantes.
Con lo anterior, verán que no he aprendido a callar. No soy capaz de silenciar las atrocidades patrimoniales que se acometen en Trujillo, esta ciudad que durante muchos años ha sido la medicina del alma inquieta de cuantos la amamos sin paliativos.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 29 de Noviembre de 2021.


1 de noviembre de 2021

DIFUNTAS Y HUÉRFANOS.

 


DIFUNTAS Y HUÉRFANOS


Abuela, ¿porqué papá mató a mamá si era buena?
- Anda, calla y come. Es mejor no hablar de eso. Bastante tenemos con la pena.
- Ya, pero no lo entiendo. Los chicos del colegio ya no me quieren y yo he sido bueno con ella siempre, y no le he hecho nada a mamá nunca.
- Ya pasará. Ellos sólo tienen miedo por si les pasa también, porque no sólo te ha pasado a ti.
    Tía, ¿mamá no va a volver nunca? Todos me dicen que está en el cielo y de papá no me hablan. ¿los que van al cielo no vuelven? Yo quiero volver a mi casa, como siempre, con mamá, ir a buscarla a la lavandería y pasear por la calle juntos cuando íbamos a por el pan. Sólo quiero eso tía. ¿Se lo puedes decir si la ves? Dile que me voy a portar bien.
    María, ¿no vamos a volver a ver a mamá? Yo creo que cuando se la llevaron en la ambulancia iba viva. Papá estaba fuera, en la calle, como si se hubiera tirado del balcón, pero no me dejaron verlo. Él seguro que está bien, pero no me importa que no vuelva. ¿Mamá está bien? ¿Va a volver? Quiero ir al hospital o donde esté. Necesito verla y hablar con ella, tengo muchas cosas que pedirle, porque no me va bien en la clase. Cuando me dijeron que ahora tú ibas a ser mi madre, no te enfades, me pareció mal porque ya teníamos madre. Pero pasan los días y esto no cambia. Estamos solos, tú te pasas el día de oficina en oficina haciendo papeles. No me hablas, lloras y no me dices dónde está mamá. 
    Abuelo, no quiero ir de paseo otra vez. Quiero esperar a que vuelva mamá. Aunque tú dices que no va a volver, yo quiero esperar. No me importa que pasen muchos días, voy a seguir esperando. No quiero estar fuera de casa cuando vuelva. Sólo voy a salir cuando saquemos a León de paseo, porque mamá siempre salía con él, pero yo voy a esperar aquí. Dime abuelo, ¿mamá sabe que me estoy portando bien?, me cuesta mucho estudiar y hacer la cama, pero creo que en cuanto ella vuelva me explicará lo de clase y todo irá mejor. Ahora estoy un poco nervioso porque no la veo, pero te prometo que enseguida, en cuanto vuelva, sacaré buenas notas.
    Cándida, no quiero ir al cementerio. No quiero llevarle flores a mamá. Quiero que mamá vuelva a casa, no quiero ver la tumba de papá a su lado. Me duele todo. No puedo soportar que los hayan enterrado juntos cuando él la mató. No quiero llevar flores, sólo quiero abrazarla, estar a su lado, que me cuide, que me riña, que me castigue, que me quite la propina, que me mande a la ducha… quiero que vuelva Cándida, ¿no lo entiendes? No quiero llevarle flores ni aceptar que la ha matado mi padre. Estoy solo Cándida y no quiero estar solo.
    Así, día a día, madres muertas a manos de sus parejas e hijos olvidados el día del recuerdo de los santos.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en HOY de Badajoz el 1-11-2021


18 de octubre de 2021

LA MINA (y van 2)



Descubierta de lignito en Garzweiler, Alemania

Pocas veces en mi vida he contemplado un espectáculo tan bochornoso como la rueda de prensa del encargado de dar la cara de la empresa que quiere abrir una mina de litio en Cáceres.

O yo me he vuelto loca, o esas explicaciones que pretendían dar acerca de la comprensión con la población enamorada del paisaje de Cáceres para destrozarlo, hacían reír y llorar al tiempo.

Ustedes, señores del litio, ¿saben que el público al que se dirigen entiende lo que se les dice?, ¿alguna vez se les ha pasado por la cabeza aceptar que no es no?, ¿saben que las mentiras, por poca luz de la que dispongan esas mismas mentiras acaban saliendo a la superficie?, ¿saben que no nos fiamos de ustedes ninguno de los interesados?, ¿qué más van a prometer?, ¿qué desconocimientos tratan de imbuirnos para que aceptemos sus desmanes?, ¿con qué tipo de banda tratan para hacer desaparecer milenios del planeta a favor de sus bolsillos? Seguiría así hasta el infinito, pero no merece la pena, porque hay que dejar sitio a los que luchan en la calle, a los que se manifiestan haga frío o calor, a los que se pasan horas en los registros oficiales presentando reclamaciones ante semejantes pretensiones, a los que, en definitiva, no escriben en medios de comunicación porque no tienen sitio ni ganas, pero se baten el cobre perdiendo el sueño, colgando en sus balcones pancartas que niegan la mina, poniéndose camisetas con lemas que rechazan el latrocinio que ustedes pretenden, educando a sus hijos en la bondad y la necesidad de colectivos que luchan por lo que creen, y enseñando que eso es libertad.

Ustedes podrán contratar a políticos corruptos, que se adentraron en instancias municipales para (supuestamente) allanarles el camino de las concesiones, podrán diseñar parques idílicos, cuevas de hallazgos inexplicables, cauces de ríos subterráneos para que generaciones futuras vayan a bañarse al fresco, caminos de nubes interiores de color rojo, dejar huellas de bombas, líneas de ferrocarril que no se ven … pueden ofrecer lo que se les pase por la imaginación, pero no lo queremos.

Queremos que se vayan a otro sitio con sus pretensiones siniestras. Mejor, queremos que abandonen cualquier tipo de propuesta que pueda destrozar nuestro planeta en cualquier parte del mundo, llevando implícito el desprecio de la población, el uso de recursos protegidos, la paz de las personas que viven sin molestar a nadie y amenazando el futuro de generaciones (no tan lejanas) que contemplarán impertérritos cómo fue posible que nosotros nos rindiéramos ante tamaña salvajada.

Ese potencial económico que dicen tener, que auguran propiciar y que dicen saber administrar, empléenlo en educación, cultura, salarios dignos a sus trabajadores, aprender qué es verdad y qué es mentira. Si el alcalde de Cáceres ha dicho que no, no insistan. Es la máxima autoridad de la ciudad y con más poder que ustedes. Acéptenlo, porque hay veces en las que se pierde.

¡Ah! No olviden que las personas con banderas en sus casas, camisetas de protesta, manifestaciones, pasquines en contra de ustedes, pegatinas en las farolas y sueño de futuro en paz, siguen ahí. Es por si lo olvidan. Seguimos ahí.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 18 de Octubre de 2021.







6 de septiembre de 2021

EXTRANJERÍA CÁCERES

 



Había solicitado cita previa en extranjería de Cáceres para acompañar a la persona que había dado de alta, con la intención de que esa persona presentara sus documentos y se procediera a su legalización en España.

Esta persona enfermó repentinamente, de bastante gravedad, y me acerqué a la oficina a tratar de cambiar la fecha de la cita, con los justificantes médicos correspondientes, y hete aquí que en la puerta de esa oficina hay un hombre armado, uniformado con los galones de una empresa de seguridad, detrás de una barandilla, fumando a placer y ordenando a los asistentes que se mantuvieran en perfecto orden de llegada, organizando la fila a pleno sol,  y sin posibilidad de que nadie le dirija la palabra si previamente no es él el que llama con una hoja de papel en mano que, al parecer, contiene los nombres de las personas que tienen cita.

Intento acercarme para decirle que no tengo cita pero que quisiera hablar con un funcionario de los que, supongo, están dentro. No. Usted tiene que pedir cita. Ya, pero no soy la interesada, que está enferma. No me cuente cosas raras. Márchese y pida cita. 

Le ruego señor que, aunque no pueda entrar, avise a un funcionario para que, aunque sea en la calle, me atienda ante una urgencia. Yo no aviso a nadie. Aquí se hace lo que yo digo y usted no puede entrar, y aléjese detrás de la barandilla y póngase en la cola. Señor, no tengo cita, no me va a llamar, se trata de un asunto urgente que usted no puede solucionar. Si yo no lo puedo solucionar, no lo soluciona nadie. Señor, usted no es funcionario; tengo que hablar con un funcionario y mostrarle unos documentos que han surgido por una urgencia. Le he dicho que usted no entra, y aquí se hace lo que yo digo. Le ruego por favor que avise a alguien con autoridad de dentro, y que salga.

Se dio la vuelta, entró en el edificio, cerró la puerta y … pasaron cinco eternos minutos hasta que volvió a salir lista en mano a llamar a una de las personas que, haciendo cola al sol, sobrevivían al mandato del portero.

Alguien que conozca esta oficina siniestra lo confirmará. No se atiende a nadie que no pasa por el filtro del portero de discoteca. No hay la más mínima empatía con los seres humanos que tratan de legalizar su situación en este país a través de trámites en la provincia de Cáceres. Los expedientes se alargan años, años y años. Los criterios están al servicio de los funcionarios. No se aplican las mismas normas aquí, en Madrid, en Barcelona o en Ciudad Real. Cuando a alguna gestoría le dices que quieres legalizar a alguien con domicilio en la provincia de Cáceres, se echan las manos a la cabeza y te piden que empadrones al trabajador fuera, donde sea, pero nunca en Cáceres porque no lo van a legalizar jamás, van a aterrorizarlo intentando entrar en la oficina y, lo que es peor, van a humillarlo hasta odiarnos.

Lo he vivido, y por eso lo cuento. Si alguien que puede corregirlo, lo lee, ponga remedio por favor. Necesitamos personas que quieran trabajar. Nos sobran matones.

Matilde Muro Castillo.


Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 6 de septiembre de 2021.



23 de agosto de 2021

LA GUERRA INFINITA

 


LA GUERRA INFINITA



Alejandro Magno se plantó en los confines del mundo conocido hasta entonces a sangre y fuego. Llevaba consigo un poso de enseñanzas helénicas que no mitigaron en absoluto su comportamiento con los vencidos que dejaba a su paso, y pretendió imponer un orden mundial generalizado que aterrorizó a los invadidos, porque se permitió incluso crear ciudades en medio del desierto, Alejandría Escate, dotadas de hermosísimas esculturas griegas, capiteles, columnas, teatros, fuentes y esos lugares de descanso que los guerreros se auto regalan creyéndose inmortales y pensando que siempre hay tiempo para volver.
Alejandro utilizó a la hija de su mayor enemigo para tratar de conseguir una paz dificultosa, por lo revueltos que resultaron los nómadas, y se casó con Roxana, como si aquello fuera la moneda de cambio perfecta. Después de innumerables batallas y ríos de sangre, asesinó a su suegro y dos años después, abandonó Afganistán y se lanzó a conquistar India.
En medio de masacres de hombres rebeldes, optaba por vender a las mujeres y los niños como esclavos al mejor postor, y seguir alimentando tropas feroces que sólo obedecían a su rey y no se cuestionaban los métodos.
Siglos, han pasado siglos de terror en Afganistán y nadie se pregunta cómo es ese pueblo y porqué está dedicado a la guerra perpetua, a la rebelión, la inseguridad y la miseria. Creo que la razón es que son analfabetos en un porcentaje que hoy causa terror en el mundo occidental.
Esos animales talibanes que entran como Alejandro a sangre y fuego, son seres sin razón educada, sin poso alguno que no sea la guerra y la destrucción de todo lo que les pueda parecer refinamiento o educación. Se diferencian en eso de Alejandro, que intentó implantar una forma de vida que le parecía mejor porque la había conocido, pero ellos no conocen nada, y lo que ven por los medios de comunicación sólo les induce a la mentira, el cinismo, la barbarie y el terror.
Las mujeres siguen siendo la nada. Ese objeto al que maltratar, oír cómo lloran, vender como esclavas, violar para extender la especie analfabeta y demoniaca que, a lo mejor por fuerza de la naturaleza agreste y tan complicada de ese territorio, no ha sido capaz de progresar de la mano de la cultura, pero que no tienen excusas, porque pueblos sin cultura occidental, sin nuestras formas de comunicación, viviendo de lo que la naturaleza proporciona, viven en paz, reciben en paz y respetan a las mujeres en paz.
La mujer en Afganistán vive una guerra eterna. Desde Alejandro a hoy y hasta el futuro desconocido, porque los que podemos las abandonamos, los que lo conocemos lo silenciamos, y los que podemos abrir las puertas de nuestras casas, las cerramos.
Me siento culpable, triste, angustiada por tantas mujeres abandonadas que no saben ni que son seres humanos con derecho a mirarse en un espejo, andar sin taparse, tener hijos si quieren y dejar la cocina de humo que las está matando por no poder respirar.
¿Saben? Yo vaciaba Afganistán de mujeres, y allí se las apañen los salvajes procreando entre ellos. En mi casa hay sitio.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 23 de Agosto de 2021.

25 de junio de 2021

EL DOLOR

 



EL DOLOR


Me fui a la cama acongojada ante la noticia del hallazgo del cadáver de la niña Olivia en el fondo del mar. Me impresionó aún más la noticia al saber que a su lado hallaron otra bolsa vacía, y más cosas, y que seguían buscando.

El día siguiente ha sido complicado porque la angustia del hallazgo, y a la vez, pérdida definitiva de dos vidas incipientes por maldad, ha condicionado las horas siguientes. Las conversaciones en el café, el tono de voz de los locutores de la radio, que no sabían cómo zafarse de la angustia del momento, el pensamiento clavado en la pena de la madre que, imagino, no se lo puede ni quiere creer y a la que, por mucho que intenten tranquilizarla, se le ha ido la paz para siempre, la sucesión de noticias que, decían los transportistas de nuevas, que eran imprescindibles para seguir viviendo: selección española vacunada, poderosos reunidos dándose codazos, la pandemia que sigue, la lucha por poner en libertad a quienes cometieron delitos para parecer buenos, los marroquíes disparatados amenazando con quedarse Ceuta para siempre, los hombres del tiempo anunciando tormentas de cuarenta grados o más, las salas de fiesta que abren, y de todo esto ¿qué?, ¿qué importa?, ¿qué es trascendente?, ¿qué nos mantiene despiertos?, ¿qué no nos deja respirar tranquilos? El mal. El mal por el mal, porque existe, porque no hay nada que trate de explicar, o camuflar, la animadversión delictiva de determinados hombres por mujeres, a las que sólo les desean el mal.

Esa maldad existe, ese horror puebla nuestra sociedad milenaria. Ese enfrentamiento sin razón de sexos opuestos, en el que sólo se utiliza la fuerza física y, por ende, la violencia, es parte de nuestra forma de vida, de la que no estamos dispuestos a cambiar, y sí estamos dispuestos a justificar envueltos en modos de ser, caracteres especiales, momentos de ira, enfrentamientos irracionales o enfermedades sin catalogar.

No hay nada de eso. Hay maldad, hay gente que disfruta con hacer sufrir a los demás. Hay gente que se ve realizada matando seres humanos, descuartizando cadáveres de quien previamente han asesinado, manifestando su fuerza a base de mandobles judiciales, burocráticos, humillaciones lacerantes en el pensamiento y perversos en la concepción de la idea y su posterior realización.

¿Creen que las películas de terror nacen de sueños?, ¿creen que cuando salen balas de metralletas por miles, hacen decidir a una madre entre asesinar a su hijo o a su hija, utilizan motosierras para asesinar en campus, o entierran en hormigón a supuestos enemigos, son ocurrencias del guionista? No. Es la vida misma. Es el ser humano, que es capaz de lo peor a cambio de una sonrisa de supuesta victoria.

Las mujeres somos el objetivo de los jefecillos desde siempre. Ahora se habla de ello, pero el dolor que nos ha silenciado unos minutos, la angustia si perdemos del campo de vista a nuestros hijos un segundo, el terror a que se crea grande si nos ve llorar, eso no se pasa, y como no se pasa no se olvida. 

Queda mucho por aguantar, mucho por hacer, y aún más por dejar de justificar.

Matilde Muro Castillo.


(Artículo publicado en el diario Hoy de Badajoz el día 14 de junio de 2021)




1 de junio de 2021

IMPACTO AMBIENTAL



 



Ahora que se puede (o casi) viajo un poquito por los alrededores de donde quisiera realmente desplazarme, y veo cómo ha cambiado el paisaje, porque reconozco que, antes del año pasado entre cuatro paredes, ya no viajaba como antes.
A pesar de mi quietud, la cabeza no para y esos instintos que me han movido a lo largo de la vida de forma apasionada, se mantienen: la protección del patrimonio de todo tipo ha sido el norte y la ruina de mi vida, pero sigo empecinada en el tema y me disgusta ver lo que contemplo en estos momentos.
Extremadura está siendo asolada por la energía solar. Es verdad que a lo mejor trae mejora económica puntual, pero el largo plazo me parece siniestro.
Salgo desde Trujillo a Cáceres, y sin moverme más de cuatro kilómetros, una gigantesca mancha de placas solares invade cada vez más el paisaje que, en algún momento, se convirtió en la apuesta por conseguir ser Patrimonio de la Humanidad. Es espeluznante lo que está ocurriendo ante la impasible contemplación de los ediles municipales, la alegría de los que ponen la mano a las eléctricas y la enervante visión del que se había creído que ese paisaje se podría conservar como algo tan hermoso que quitaba el hipo. Ahora lo provoca.
Poco más allá, casi al llegar a Cáceres, de nuevo la mancha de placas solares que se expanden sin pudor con el argumento de que son terrenos baldíos. La tierra no es nunca baldía. Produce colores, olores, abrigos de animales, eso que los desconocedores llaman malas hierbas, abrigo a las abejas… y muchas cosas más que ahora no están ni volverán, porque el hormigón ha fijado placas al suelo muerto para siempre. Nuestros hijos van a heredar chatarra expandida porque nadie la querrá cuando hayan amortizado el horror.
Si viajo a Madrid, las placas de Almaraz casi invaden la carretera que nos van a pedir que paguemos una vez más. ¿Sigo?
Esta descripción puntual es para tratar de entender qué significa “impacto ambiental”. Me muero de pena cuando creo que ese día no fui al colegio, no me explicaron qué significaba bien, o no lo entendí, o me engañaron.
Si a estos paisajes que nos están asolando, si a las propuestas de horadar la tierra hasta el centro sobre el que gravita, si quieren hacernos creer que las minas al aire libre no producen impacto ambiental, tengo que pedir ayuda o mejor, tengo que pedir que se vayan los que conceden semejantes aberraciones. Váyanse de nuestro lado, déjennos vivir por favor, no nos mientan sin vergüenza, no nos digan que las placas son protectoras del medio ambiente, que nos van a ayudar a mejorar el planeta.
Si se dedicaran esos esfuerzos a cuidar los montes, a repoblar con árboles, producir biomasa, investigar con hidrógeno y dejar las cosas como se las han encontrado, otro gallo nos cantaría.
Seguimos padeciendo del mal del dinero, de la estupidez, de la facilidad de comprar a los políticos, cuanto más locales mejor, de mentir y de autodestruirnos. 
Sigo sufriendo por Trujillo y no se me pasa.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el diario HOY el lunes 31 de mayo de 2021




20 de mayo de 2021

ESTO DEL TIEMPO

 



Hay momentos en los que no sabes si estás viviendo una realidad irrefutable, un cambio histórico o un disparate.
Rememoro los cambios en una vida que acarreo, no excesivamente larga, pero si intensa, y aún me paro a pensar, con más frecuencia de lo normal, ¿qué demonios es el tiempo? ¿Ha sido importante lo que he vivido?, ¿cómo he digerido los cambios técnicos?, ¿me ha servido de algo la velocidad en todo?, ¿era más feliz quieta, o a miles de revoluciones?, ¿soy feliz, o sólo me lo parece?
La actual ministra de innovación, cambio climático, agenda 2030, o como más se titule, me da miedo. Es la señorita Rotenmeyer de mi conciencia. Me provoca siempre la sensación de haberme equivocado desde el primer momento de los días en los que empecé a tomar decisiones por mi cuenta. Haber comprado siempre coches de gasoil ha sido, creo, lo peor que le he hecho a la humanidad en general. Haberme declarado taurófila, amante sin ambages de la fiesta de los toros como algo consustancial con el ser meditarráneo, espacio en el que nací, por cierto, creo que es un error, que tiene de malo que no lo sé corregir, porque me siguen gustando los toros. Que considere que la caza es un deporte maravilloso, cuidadoso con el medio ambiente, generoso, la demostración del tú a tú entre la naturaleza y el hombre, y que reconozca que todo ha de vigilarse porque el ser humano tiende al exterminio sin más, me inquieta, porque tampoco soy capaz de abandonar esta idea, por muchos gritos que me den al oído.
El tiempo anterior al reconocimiento de todos estos disparates que cometo de acción y opinión, fue mucho más amable.
Mi primer coche de gasoil hizo que me sintiera libre, y el que tengo ahora, también de gasoil, es tan viejecito que, aunque no necesita atención alguna, me han dicho por escrito que no les gusta.
He dejado de volar porque me registran a toda prisa y no hay tiempo para nada cuando trato de explicar que los callos envasados se los llevo a un amigo inglés que me los ha pedido como última voluntad.
Sigo cuentas de Instagram de cazadores avezados por el mundo entero, pero ellos mismos me advierten del peligro que supone que alguien se entere de que sigo mirando animales muertos, y casi apago la luz para mirar esas maravillosas fotografías que cuelgan en las redes, después de saltar el anuncio pacato de “estas imágenes pueden herir su sensibilidad”. 
A los toros voy en directo y en diferido y no me arrepiento. Lo lamento señores.
Guardo el recuerdo imborrable de una mañana, a las once, sentada en la avenida de las esfinges de Giza, nadie a mi lado, nadie a lo lejos, silencio profundo, polvillo que el aire levanta en remolinos como queriendo limpiar el ambiente y allí, el tiempo se paró. No hice fotografías, no dibujé, no hablé con nadie, pensé sólo en quienes se dejaron la vida para edificar ese paseo que desemboca o en el templo de Luxor o en el de Karnak, según de donde parta el recorrido, esos seres que no existían porque el tiempo pasó.
Así estoy. Que no sé si voy o vengo en el tiempo.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el diario Hoy de Badajoz el lunes 17 de mayo de 2021.




5 de mayo de 2021

AVISO A NAVEGANTES

 


La situación actual nos hace pasar muchas horas en casa, viendo noticias, leyendo periódicos, descargando novedades en el ordenador, en el móvil, viendo las cuentas del banco, haciendo cálculos de cómo terminar el mes, viendo que las comisiones surgen como por arte de magia, que no hay de dónde tirar y que es mejor quedarse en casa, además de por el virus, porque no hay posibilidad de gastar.
En esa mezcla de comportamientos, llaman la atención las sucesivas comunicaciones de los bancos que ganan miles de millones de euros, así como ejecutar acciones de despido de miles de empleados, a los que se les ha imbuído un comportamiento agresivo, despreciativo y rayando en lo canalla con los clientes, que son los que depositan las ganancias en las cuentas, que dicen que son de los propios clientes, pero la verdad es que son de los presidentes, ejecutivos y accionistas de los bancos.
Si tienes que pagar un recibo de cualquier cosa, has de levantarte cuando el banco lo dice, porque después de las diez de la mañana no cogen dinero. Si quieres ingresar dinero has de pagar comisión para que los señoritos se laven las manos a la hora de tocar el dinero. Si devuelven un recibo y lo quieres abonar en efectivo, no les parece correcto y te vuelves a casa porque el empleado ha decidido que ni levanta la vista de lo que está haciendo, y no se va a molestar en atenderte.
No se te ocurra ir a ver a alguien responsable del último desmán, porque lo más posible es que tengas que pedir cita previa y arrastrarte para que te den explicaciones de los cambios de normativa que, por su cuenta, aplican sin comunicarte nada inteligible y, menos aún, posible de leer si no es con lupa microscópica.
En esta cueva de desprecios, manipulaciones, malos tratos, vejaciones y humillaciones se han convertido los bancos con sus clientes.
Es tan bochornoso, lacerante y falto de sentido esta situación, que alguien va a tener que tomar cartas en el asunto.
Sé que están de acuerdo conmigo todos menos los bancos y sus serviles trabajadores, que ocultarán la cabeza detrás de la “obediencia debida”, pero que no tiene un pase dentro de la moral, educación y comportamientos contractuales que no exijan en la relación entre las partes la intervención de la justicia, como está ocurriendo en la mayoría de los casos, en los que la usura aparece en la mayoría de la sentencias que los tribunales emiten cuando los clientes de los bancos dan el paso de acudir a los abogados a intentar defenderse con sus devastadores contratos.
Están llegando a límites insoportables. Les han llegado a llamar la atención desde el gobierno (que no es valiente precisamente) por su comportamiento, los ciudadanos estamos hartos de comisiones salvajes, atención deficiente e imposiciones inaceptables, amén de tener que enterrar nuestras vidas si se nos ocurre usar sus servicios, con los que están dados de alta como empresa: el dinero.
Aviso a navegantes. Nos estamos cansando y somos más. Por mucho dinero que tengan y más que quieran, una vez pasó que David ganó a Goliat. Puede repetirse.

(Artículo publicado en el Diario HOY de Badajoz el lunes 3 de mayo de 2021)

Matilde Muro Castillo.





23 de abril de 2021

DIFÍCIL




DIFÍCIL

Matilde Muro Castillo


Cada quince días aparezco por aquí con la ocurrencia oportuna, y es difícil acertar con algo que pueda interesar a la mayoría de los que amablemente me leen.
No crean que no me devano los sesos tratando de dar con el clavo, porque soy fiel seguidora de cualquier medio de comunicación, pero cuesta mantenerse al margen de opiniones ajenas para que no me tachen de oportunista o copiona, para que no lleguen a deducir que me dedico a dar lecciones de todo, sin saber de nada exactamente. Para evitar que el periódico me diga que me dedique a otra cosa, o no dejar de lado a los fieles (que saben quiénes son y no necesito mencionar) y menos aún, para no caer en la desgana de la falta de obligación que además me hace feliz.
Me sale del alma escribir sobre Rocío Carrasco y decirle que la vida le proporcione la paz que ella ha llevado a muchas mujeres, pero es corto el mensaje y no da para más. Querría escribir sobre Isabel Díaz Ayuso, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, Úrsula von der Leyen, el entierro del Duque de Edimburgo y los comentarios atroces de los periodistas que sólo mienten cuando hablan de sus nietos, del presidente turco, del Papa, de los policías de Estados Unidos que alientan una salvaje violencia callejera, de los problemas de la vacunación, de la ruina que se avecina por todas partes … de tantas cosas que llenaría sola el periódico, pero no me dejan.
La verdad es que mi cabeza ahora descansa en el mundo de los libros. Los libros me llenan el alma, me acompañan, me recreo en contemplarlos sin necesidad de leerlos. Me interesa todo lo que suponen: objetos cálidos, diseñados por artistas que emplean su esfuerzo en que vean la luz. Los impresores que agotan las existencias de las tintas y el papel mientras llegan las nuevas remesas, amén del autor que se ha desnudado para contar su yo más íntimo a quien no conoce. El olor que desprenden al abrirlos, el polvo espantoso que acumulan y nos hacen decidir a veces entre ellos o diferentes compañías, el contenido que atesoran y me parece que tendré que descubrirlo porque no he leído todo lo que pasa por mis manos, y ahí está esperando que formen parte de mi vida o… no sea posible y sigan siendo el tesoro que supongo guardarán para mejor ocasión.
Ahora estoy sumida en el mundo de los libros más que otras semanas. Es la del libro, es la semana en la que el libro es el protagonista de más vidas de las habituales, es la semana de Cervantes, de Shakespeare, de Landero, Marguerite Yourcenar, Heinrich Böll, Almudena Grandes, Bartolomé José Gallardo, Lewis Carroll, Santa Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz, Pedro Cieza de León, Rosa Montero… mis escritores favoritos, los que alientan mi vida cotidiana, los que me ayudan a distinguir entre lo necesario y lo imprescindible, lo claro y lo grisáceo, el humor y la grosería, la piel y el alma. 
Esto que les he contado es lo que alienta la columna de esta semana que, sin darme cuenta, se ha terminado.

Esta columna ha sido publicada en el diario HOY de Badajoz el lunes 19 de abril de 2021