28 de junio de 2022

ZAPATOS

 



Son objetos inanimados, que se fabrican de dos en dos y acompañan a los propietarios incluso después de morir.

Me encantan, y por todo lo que me gustan he reparado en analizar qué son, qué dicen de los portadores, cómo se consiguen y qué me inspiran (además de una columna de periódico)

Siempre he deseado tener dos modelos imposibles: los que lleva el Papa de Roma y los que llevan los toreros. No soy nada religiosa y menos aún torera, pero esos zapatos uniformes en todos los que practican esas profesiones me parecen de lo más exquisito.

Los zapateros que venden estos objetos considero que deben de ser personas ordenadas, conocedoras de espacios en los que almacenar, delineantes de locales en los que colocar estanterías equidistantes y creadores de códigos privados con los que localizar los modelos y los números para atender con la prontitud que lo hacen. Me apena creer que tienen que estar aburridos. Siempre de dos en dos, sin posibilidad de variación, y si se produce la necesidad de atender a alguien amputado, no pasa nada, el zapato que se queda en el local servirá de modelo para el próximo que lo desee, o el ser defectuoso que calce un número más o menos que otro, con pies distintos o con caprichos que habría de explicarnos el tendero, porque seguro que hay anécdotas para todos los gustos.

Los zapatos se han transformado en obras de arte cuando han pasado por las manos de diseñadores como Manolo Blahnik, que ha conseguido hacer de los zapatos objetos del deseo de los más pudientes. He tenido en las manos alguno de sus pares, pero nunca en los pies, y esto que es la actualidad, me hace remontarme a esas bellezas de sandalias romanas que han aparecido en excavaciones y se lucen en museos, los escarpines diminutos de pies imposibles que se lucen en el museo del Romanticismo, las delicadas obras de arte que, elaboradas en seda natural y bordadas con precisión imposible pinta Goya en sus retratos femeninos y la uniformidad de los zapatos en los retratos masculinos, también de Goya; esos mil estudios que tratan de averiguar cuál fue el primer zapato o el pueblo primitivo que los inventó.

Sólo el género humano usa zapatos. Eso en sí mismo es una curiosidad porque, aunque hayamos puesto herraduras a los caballos, nada tiene que ver con un zapato. 

Es verdad que unos u otros modelos me condicionan. Me producen tristeza los zapatos de charol blanco, me emocionan los tacones afilados de más diez centímetros, me gustan los zapatos sucios de barro, echo de menos a los limpiabotas en las calles, me conmueven los zapatos de los bebés y, a lo que no dejo de darle vueltas es que posiblemente el uso de estos adminículos por parte de la humanidad sea la demostración palmaria de que a nadie le gusta caminar con los pies en el suelo, en sentido real e imaginado. A nadie nos gusta la realidad que nos rodea, y cualquier medio para evitarla es bien venido.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el Diario HOY de Badajoz el lunes 27 de junio de 2022.

13 de junio de 2022

PAPELES PERDIDOS

 


PAPELES PERDIDOS



Mi casa está llena de papeles propios. A veces, según donde mire, son papeles de otros. Esos papeles que a todos atosigan y molestan, además de considerar que ensucian y albergan polvo y animales de varias especies desconocidas y de vidas ocultas que los pueblan, esos papeles son mi devoción.

Guardo todo. Recojo todo lo que se pone a mi mano. Me fascinan las tarjetas de visita, los tiques de compra de los supermercados (lastimosamente se borran al paso del tiempo), las notas de compras, las distintas modalidades de los comprobantes de aparcamientos, y las pegatinas que ponen en la solapa de los generosos las personas que recaudan dinero para miserias ajenas.

Cuando me encuentro con un manojo de cartas de las que se escribían antes (yo sigo escribiendo como antes, lo confieso) no puedo encontrar más placer en desmenuzar el contenido y me importa tanto el mensaje como el olor del papel, si ha sido escrita con tinta o lapicero, si es papel rayado, si es una cuartilla o se han limitado a partir en dos un folio. El cuidado de la escritura, la caligrafía y el aprovechamiento de la superficie por parte del autor, me emocionan.

Guardo con devoción las notas que mi añorada vecina Petra me pasaba por debajo de la puerta, escritas en pedazos de papel de estraza en el que ella envolvía los churros que hacía (inolvidables también), donde me comunicaba visitas que no me encontraron, llamadas que no recibí o recordatorios de acontecimientos a los que debería de acudir si quería seguir viviendo en un pueblo, siempre misas, entierros, ceremonias o novenas imprescindibles para mi salvación.

Ahora tengo entre manos papeles de otros que han llegado a mí por arte de magia, y no puedo dejar de escribir esta columna, porque son muchos, ordenados y catalogados correctamente, pero dejan entrever una vida emocionante, llena de acontecimientos que nadie podría imaginar en su sano juicio y menos aún dar crédito ni afirmar que pueden ser una parte muy importante de la historia de la vida de personas que, en algún momento de sus vidas, los despreciaron y ocultaron a la historia mundial, dejándolos de lado por miedo, odio y rencor, o acaso por desconocimiento y falta de generosidad.

Que nadie se alarme. No se trata de nada extraordinario. Es un archivo familiar, como tantos otros que acaban en la basura o quemados “para que nadie sepa nada”, y es un gran error que pagamos los locos por los papeles que somos capaces de saber que, entre líneas de esos papeles: facturas de compra de piensos, reclamaciones al sastre, reparaciones de zapatos, compras de lazos negros para el luto de los niños, hay una historia que es nuestra y debemos conocer. Nada llegó hasta donde estamos porque sí. Litros y litros de tinta para escribir cubrieron páginas de papel de arroz, algodón, celulosa, cáscara de patata o cartón reciclado y ahí han dejado una huella indeleble que sólo el fuego y el abandono pueden borrar.

Esos papeles perdidos son la razón de la historia de todos, la pequeña historia, la que conocemos de primera mano, porque la otra, la que nos enseñan, está manipulada.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el Diario Hoy de Badajoz el lunes 13 de junio de 2022.


LOS LIBROS

 





LOS LIBROS

Vivimos rodeados de cosas a las que, por razón de la costumbre, casi no apreciamos. El ambiente de nuestras casas se genera por el paso del tiempo. Recuerdos de viajes, herencias, compra compulsiva, regalo de boda, cuadros que no se sabe de dónde han salido, la olla exprés de la abuela, el rosario que cuelga de la cabecera de la cama, el collar deshilvanado que reposa en la bandeja de plata que no se puede limpiar, y así nos vemos envueltos en objetos que se adhieren a nuestra comodidad visual diaria porque, al sentarnos en el sofá, el panorama no cambia.

Yo vivo rodeada de libros. Esos objetos a los que unos cuantos tachan de molestos y acusan de ocupar sitio, coger polvo, pesar y no entender su finalidad dentro de las casas, porque aparentemente no ofrecen contraprestación alguna que no sea la de la contemplación de los lomos que, es verdad, pierden el orden y la compostura con el paso del tiempo. Se aprietan como si hubiera un lugar oculto entre unos y otros y se agachan para rellenar el espacio que queda entre una balda horizontal y la fila vertical a la que ya no le cabe una tarjeta postal.

Las estanterías de las casas ocupadas con libros son lugares especiales. Tienen vida, suelen ser más anchas que los volúmenes que albergan y dejan sitio para los marcos de fotografías, la medalla de natación, el recuerdo del Camino de Santiago, o esa colección de mínimos, de los libros diminutos que tanto atraen y poco ocupan.

Los libros huelen bien. Si entras en una habitación llena de libros, el ambiente es distinto a las que están vacías. Su presencia emite calor de acogida y además paran el ruido que se produce en medio de conversaciones subidas de tono. Los libros producen seguridad. Una pared llena de libros apunta fuerza y resistencia. Sugiere la idea de poder soportar cualquier cosa y, lo que es mejor, alberga historias, viajes, planos y sueños en tal cantidad que no es posible alejarse de ella sin echar una mirada, aunque sea sólo de curiosidad, para saber qué es lo que el propietario alberga en medio de ese paisaje providencial que es la librería.

He escrito muchas veces que los libros son el compendio de los cinco sentidos: huelen, hay que verlos, se oyen el suave rumor del paso de las páginas, saboreamos el contenido y si no se tocan dejan de existir.

Los libros son el todo desde hace miles de años (en cualquiera de las formas en las que apareció la escritura) y noto que, a fuerza de convivir con ellos los despreciamos e ignoramos. Nadie valora la importancia de su conservación, de amarlos, de poseerlos, de que sigan formando parte de nuestras vidas. Nos incitan a leer ¿y luego? ¿qué nos dicen que tenemos que hacer con los libros? Lean, lean y … el desprecio más absoluto, el almacén más oscuro y el final más atroz.

Recuerden y aprendan que sin libros físicos y sin bibliófilos, la vida se apaga.


Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el Diario Hoy el lunes 16 de mayo de 2022.


31 de mayo de 2022

¿QUÉ NOS PASA?

 



¿QUÉ NOS
PASA?


Asisto estupefacta a comportamientos generales que nunca creí haber tenido que contemplar.

Nuestra sociedad está enferma en su esencia y lo sabemos, pero lo peor es que no hay voluntad de remediarlo por parte de todos. Nos hemos acomodado a la contemplación de los malos modos políticos, los insultos, amenazas, vejaciones y humillaciones de sus señorías entre sí y para con los que gobiernan, y nos quedamos tan tranquilos.

Los sinvergüenzas de las izquierdas y derechas más reaccionarias se enfrascan en discusiones inútiles que sólo conducen a la exacerbación social, sin ser conscientes de que urden tramas que anidan en grupos sociales que luego explotan sin que nadie lo esperara y cuando quieren echar mano de soluciones, ya no hay remedio. Los que se dicen moderados no hacen nada: miran y se ríen como si no fuera con ellos.

La constante vejación de las mujeres, digan lo que digan los que opinan, es algo que causa pavor. No importa, da lo mismo, a nadie interesa el número de asesinatos con resultado de huérfanos que siembran este país. Con decir que no había denuncia previa, se cruzan de brazos y callan minutos de silencio, como si con ello fuera suficiente. ¿Qué ocurriría si las mujeres empezáramos a asesinar indiscriminadamente a esos violentos que, sin otra razón que el alcohol y el machismo enfermizo, merecen el mismo resultado que ellos propician? Pues pasaría que esto se había terminado en un verbo y las mujeres asesinas se terminaban. Ya se encargarían las élites políticas de corregirlo, pero … matan mujeres y eso da lo mismo.

¿Qué está pasando con el alcohol? Nadie se hace cargo de esa lacra social. Hasta en los carteles del ministerio de Cultura para propiciar la lectura se ofrecen copas de vino, como si para leer hubiera que estar borracho. El vino no se sabe qué fuente de ingresos es ni para quien, pero si echaran cuentas de lo que cuesta el alcoholismo a esta sociedad frente a la venta de los alcoholes, a lo mejor se lo pensaban, pero para esta sociedad la salud no parece prioritaria frente a la diversión irracional.

Nos hemos acostumbrado a la guerra de Ucrania, a que suban los precios de las materias de primera necesidad de tal forma, que la compra se hace impracticable para un porcentaje altísimo de la población, cada vez más hambrienta y perdiendo el rumbo de sus vidas.

Si, es la España que detecto cuando paseo por las calles de sus ciudades. Pobres pidiendo tirados en las aceras, noches de alcoholismo sin control, violencia desatada contra las mujeres, la fiesta, fiesta y fiesta es lo único que importa y contemplo asombrada la indolencia con la que todos nos comportamos, porque todos somos responsables de esta falta de responsabilidad frente a lo que estamos creando. 

Los señores de la guerra se frotan las manos ante esta dejadez. No les importa alargar la guerra y que Putin siga asesinando sin piedad y sin razón alguna. Ellos siguen vendiendo armas por miles de millones, petróleo que pagan a Putin y nosotros les mandamos a Ucrania guantes y chalecos antibalas para lavarnos la cara de la vergüenza que deberíamos tener.

No me gusta nada lo que veo, porque he vivido siempre para conseguir justo lo contrario.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el Diario Hoy de Badajoz el día 30 de Mayo de 2022.

2 de mayo de 2022

CITA PREVIA

 


Es un lunes raro, donde los centros administrativos de algún lugar están cerrados y otros abren.

La vida en los pueblos continúa llena de visitantes que aprovechan para salir de casa y volver a ver a los suyos y que los vean sin mascarilla, porque nos han dicho que podemos prescindir de ellas, con el cuidado que hemos de dispensarnos a nosotros mismos, porque la administración se ha cansado de cuidarnos. Parece que la vida ha vuelto a ser como era, pero sólo lo parece.

La administración que atendía al ciudadano ha desparecido. La cita previa se ha convertido en la tortura de nuestros días. Todo, absolutamente todo, ha de conseguirse con cita previa que nadie atiende.

No sé qué ha pasado de los funcionarios. Oigo y leo estadísticas que manifiestan la superabundancia de los empleados públicos por todas partes, pero cuando se necesitan, ni están ni se les espera. No existen estadísticas de fallecimientos masivos de funcionarios en activo por Covid 19, no hay nada que justifique el cierre a cal y canto de las oficinas de la Seguridad Social, que reposan en brazos de un sistema informático endiablado que no acepta ni peticiones de cita previa siquiera. No digamos ya cuando pretendes cursar un expediente de ingreso mínimo vital, jubilación, incapacidad o viudedad. Hacienda no se comunica personalmente con nadie. Sólo el ordenador sirve de interlocutor y si no lo abres todos los días y te han escrito, te cae la del pulpo. El Servicio Público de Empleo no atiende reclamaciones, solicitudes de tipo alguno, ni da explicaciones si no es a través de máquinas que nadie entiende, complejos informáticos que hay que tener instalados en equipos informáticos que no sabes actualizar y formularios que se renuevan constantemente, llenos de exigencias imposibles de cumplir. Tampoco hay posibilidad de conseguir cita previa.

Del Catastro es mejor no hablar. No intentes modificar errores que ellos cometen por interpretaciones personales de personas desconocidas de caminos, cañadas o cordeles. No es posible hablar con nadie. Nadie atiende, nadie se pone, nadie está y no tienen cita previa.

Cada uno de los gobiernos regionales tiene su propio sistema informático de comunicación. Para enviar solicitudes de algún tipo o acceder a información, hay que pasar el filtro de la cita previa, pero no hay forma de conseguirla, porque tienes que hacerte una foto, acreditar que estás vivo, que no usas silla de ruedas, brazo ortopédico o pulmón artificial, amén de tener tus facultades mentales afiladas y ser capaz de entender todas y cada una de las ocurrencias de los diseñadores informáticos, que se han forrado inventando campos imprescindibles para cumplimentar, antes de acceder a la aplicación correspondiente y saberte de memoria el himno regional e identificar la figura que aparece en las distintas lenguas para demostrar que eres un ser vivo.

He tenido que instalar ordenador, impresora, escáner, cámara frontal, auriculares, conexión wifi de fibra y reconocimiento de voz para pedir cita previa porque necesito que me atiendan y no me multen por todo, y no me ha servido de nada.

¿Qué está pasando? ¿Por qué nos han dejado solos? ¿Por qué nos odian? ¿Qué hemos hecho? ¿Apestamos? ¿Contagiamos? ¿No hemos sufrido lo suficiente? Abran las puertas de una vez y gánense el sueldo que no han dejado de cobrar. Esta situación no puede seguir, explotará cuando lleguen los turistas por millones y pidan cita previa para comer. Luego no se quejen.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el periódico HOY de Badajoz el lunes 2 de mayo de 2022.


11 de abril de 2022

ALEPO

 

ALEPO

Una brillante mañana del mes de abril de 1992 llegué a Alepo en Siria. Conducía yo desde Damasco un automóvil reparado como los cubanos, a fuerza de piezas elaboradas en fraguas ancestrales, remachada la carrocería con latas de refrescos, y la tapicería de un plexiglás que, en medio de esa temperatura desértica, pasaba a formar parte del atuendo de los pasajeros sin mayor esfuerzo, pegada con sudor y tierra como si hubiera nacido con ella.

Hotel digno, sin grandes estruendos, con desayuno incluido, y unos empleados que me dejaron la maleta y el equipo de fotografía en el suelo porque ellos no servían a mujeres. Ya me daba igual todo. Llevaba más de un mes correteando por ese país y cualquier desdén me resultaba familiar.

A la mañana siguiente me voy al museo a ver qué tienen, y no consigo llegar. Alepo es un sueño. Una ciudad de color sepia, donde las calles se entrelazan compartiendo espacio a puñetazos. Los balcones ocupan las sombras del de enfrente y el adobe brilla a fuerza del roce de los transeúntes que transitan sin cesar cargados con toda clase de mercancías, sin saber muy bien el destino de ninguno de ellos. La ciudad vieja se alivia en la plaza de la mezquita rodeada de árboles bien cuidados, y atravesar esa plaza supone volver al barullo frenético de una ciudad vivísima, en la que hay una gran cantidad de anticuarios que venden toda suerte de piezas que siguen saliendo de las excavaciones que, en teoría, iba yo a fotografiar. Locales diminutos que vomitan alfombras de lana de oveja sin teñir, alfombras de seda tejidas con primor, esculturas negras de basalto con inmensos ojos de marfil y ébano, piezas de barro que dicen venir desde Ugarit, panderetas de piel de cabra, sillas de montar camellos, collares de ámbar, y un sinfín de objetos que te transportan a la leyenda de las mil y una noches sin mucha dificultad.

Los habitantes son amables, sonrientes y no se sorprenden al verme sola paseando por la ciudad, pidiendo un kebab en la calle, no llevando hiyab y fotografiando todo lo que encuentro a mi paso.

Cuando llego al museo, los guardianes dormitan porque el calor es sofocante y hay muy pocos visitantes a los que vigilar. No me registran, ni me descalzan, ni me amenazan, ni me quitan la cámara, me dejan pasear, fotografiar todo lo que quiero, me siento en algunos bancos y dibujo. Se acercan sonrientes a ver qué hago y me ayudan a saber sobre el mapa dónde están los lugares que no debo perderme cuando salga del museo. Todos dicen que el zoco y la ciudadela. Voy al zoco y es tal la magnitud del mercado y la belleza de su arquitectura, que decido dejarlo para el día siguiente y para el siguiente la ciudadela.

Hoy no queda nada. Putin lo arrasó hace once años por una locura como la que está practicando en Ucrania. Putin acabó con el origen de nuestra civilización porque sí. Todos nos cruzamos de brazos porque estaba lejos.  Siria sigue desangrándose y nuestra historia yace enterrada entre escombros de bombas de Putin.

Despídanse de nuestros museos o hagan algo. Con mi llanto amargo no basta.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el diario HOY el lunes 28 de marzo de 2022.


4 de abril de 2022

¡ALÓ PRESIDENTE!

 

Señor Presidente del Gobierno, con todos mis respetos.

Estoy admirada de su capacidad física para afrontar lo que los tiempos, que todos vivimos, no sólo usted, nos están deparando.

Es verdad que la comida, el aseo personal, la limpieza de casa, el cuidado de los hijos, las firmas de las notas, las fiebres y malas noticias hogareñas se las lleva su mujer, que imagino que no le hará las maletas, porque menudo trajín lleva usted de día y de noche haciéndose presente sin dudarlo allí donde usted considera que debe de estar y, aunque sea por sorpresa para todos, no falla.

Ahí radica mi inquietud y petición de explicaciones. Cuando usted se mueve de avión en avión, de reunión en reunión, de cónclave en cónclave, de carta en carta, de cumbre en cumbre, de parlamento en parlamento, de senado en senado, de centro de refugiados en cumbre de volcán, de recepción de cadáveres y va al funeral después, ¿se lo consulta a alguien, o es una decisión que le viene a la cabeza mientras en los tiempos perdidos (que alguno habrá), juega al baloncesto hasta caer agotado contra si mismo?

Es cierto que la gestión que demanda la situación mundial actual resulta frenética, pero se va a morir de un ataque de su mismidad.

Considero que, si usted consultara las cosas con alguien, si le aportaran ideas, si confiara en alguno de los que usted ha decidido que le sigan en esta enorme aventura que es el mandato político, su vida sería más larga y confortable. La de los ciudadanos que somos los que contemplan con estupor sus ocurrencias y vitalidad, a lo mejor también mejoraba y dejábamos de auto medicinarnos con pastillas contra la taquicardia o la subida de tensión.

No es que no le esté agradecida por el esfuerzo, todo lo contrario, pero veo en la distancia que está adoptando actitudes que no casan bien con el aparato democrático que nos hemos dado. Las prisas son enormes, desde luego, pero usted no puede estar como una escopeta de lado a lado dictando normas, y doblegando acuerdos, si la maquinaria del estado no permite ejecutarlos. Está cayendo en su propia trampa de establecer una burocracia que corta la comunicación con los ciudadanos, y hacerles creer a sus súbditos que lo que anuncia desde la cabina del último avión en el que se desplaza, va a ser posible.

No nos puede tener sometidos a una tensión emocional de cambios constantes de opinión, (armas si/armas no, por ejemplo), porque nos afecta más de lo que puede imaginar.

Por si no estábamos ya bastante inquietos, se le ocurre escribir al rey de Marruecos para darle la razón en no se sabe qué y que le invite al Ramadán, a comer en esa ceremonia de saltarse el ayuno y molestar a los creyentes. Hombre, es todo un poco raro y cogido por los pelos, amén del disgusto que, si se tira demasiado de esos pelos, pueden proporcionarnos los árabes, que no tienen nada de comprensibles con la vida humana.

Le ruego que explique algo, y si hace falta, copie a Chávez y por la mañana en la televisión que usted quiera, convoca un ¡aló presidente! y nos cuenta sin mentir qué es lo siguiente a lo que hemos de enfrentarnos.

Matilde Muro Castillo.

Publicado en el diario HOY de Badajoz el lunes, 4 de abril de 2022.


7 de marzo de 2022

 

Foto: The Economist. Bandera de Ucrania de marzo de 2022

TENGO PENA.


No sé qué habrá pasado en la guerra de Ucrania cuando ustedes lean esto. Lo escribo tres días antes de que aparezca y ya el horror se extiende por el continente como si fuera propio.

Veo las mismas imágenes que ustedes, me paseo entre televisiones que no saben cómo descifrar lo que ocurre. Repetidamente veo al psicópata que ha producido todo en nombre de no se sabe muy bien qué, porque las mentes enfermas son difíciles de escudriñar, trato de saltar a otros lugares de entretenimiento para descansar, pero no es posible: la noche y el día se juntan recibiendo bombazos en forma de noticias, cada vez peores.

Los analistas se devanan los sesos tratando de contarnos cuáles han sido los antecedentes de ese sujeto, si nació niño o salvaje, si su madre lo alimentó con rabanitos o leche de cabra, si su padre le pegaba, o su tío le daba aguadillas cuando era pequeño, pero nada de eso conduce a la verdad de un animal asesino, de maldad demostrada, de inestabilidad emocional comprobada y con una visión de la propiedad del mundo muy parecida a sujetos que, en distintas épocas de la historia, han arrastrado a la humanidad a sucesivas destrucciones con pérdidas de vidas humanas irreparables, genios que nunca llegaron a serlo, obras maestras que no se conocen o comportamientos que se transforman en violencia cuando, por acción de esos sujetos indeseables, sólo se pide venganza, muerte y desaparición de los provocadores de semejantes catástrofes.

Creer que no hemos cambiado, que seguimos siendo los mismos que cuando Hitler arrasó Europa, que mantenemos el mismo desparpajo para soltar bombas atómicas que los americanos contra Japón, o que los campos de concentración son hermosos lugares de residencia para los desterrados, dice poco de nosotros, si es verdad.

Ese sujeto tiene que desaparecer. Si hay que ahogar a Rusia en sus miserias imperialistas, habrá que hacerlo, y enseñarles a vivir con el dominio de la razón europea, que no ha dado malos resultados hasta ahora a pesar de la lentitud, las corrupciones, las malas prácticas, dejarse manejar por Merkel sin discutir sus decisiones de hambruna cuando aprietan los combustibles y los banqueros, y la falta de liderazgo, que no es más que una bondad en medio de tantos iluminados que mandan a fuerza de masacrar a gentes buenas que sólo quieren vivir en paz, con su idioma, su comida, la música de sus pasados y las fiestas de antaño que nos hacen reafirmarnos en nuestras formas de ser sólo como seres humanos, y no como pertenecientes a una sociedad cerrada sobre la que mandan desnortados que no aceptan la evolución.

Soy una convencida de que hay más margen, que se puede aislar radicalmente a Rusia, que se puede extender una capa de silencio comercial, humano y económico sobre ese loco. Es verdad que dentro de Rusia hay personas que no merecen estar bajo el dominio del depredador, pero habrá que enseñarles qué significa salir de casa con una maleta, tres niños y sin saber hacia dónde vas y quién te quiere recibir.

Hoy había más de un millón de refugiados. En tres días ¿qué habrá pasado? 

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el HOY de Badajoz el lunes 7 de marzo de 2022.




20 de febrero de 2022

LAS GALLINAS

 

LAS GALLINAS

A mi madre, que era lista además de inteligente, nunca le gustaron las gallinas. Sus razones eran más que convincentes: sucias, ruidosas, se dejaban embatir por el gallo sin protestar, no reparaban en lo que comían, una vez muertas eran de carne dura, y había que convertirlas en calditos de parturienta para poder ser digeridas, con lo que el gasto del combustible para alcanzar tal estado líquido a partir de la materia, no compensaba la cantidad de huevos que hubieran puesto a lo largo de la vida. Eran caprichosas, ponían huevos cuando les convenía y todo les molestaba: el frío, el calor, la nieve y el sol.

Decía además mi madre, que eran idiotas. No eran capaces de escapar cuando el zorro merodeaba por el gallinero y se quedaban atontadas mientras veían caer una tras otra a merced del atacante. No hacen equipo. No se agrupan para la defensa. No las hay mejores ni peores. Se distinguen por su aspecto físico y el color del plumaje, pero poco más. El tono del cacareo es el mismo, y si las meten en granjas, ni con Tchaikowsky las callan.

A lo mejor la apreciación de los expertos en gallináceas es radicalmente distinta a la de mi madre, que se dedicaba sólo a opinar por lo que a las gallinas respecta, pero visto desde lejos, creo que no le faltaba razón.

A mi madre la tengo presente a todas horas. Sin decir hoy más que ayer, o que he ido al cine y se me ha olvidado, o que tengo otras cosas en las que pensar y la cabeza me la deja de lado. No. Mi madre está siempre conmigo, pero he de confesar que, desde hace unas semanas, más que nunca, porque no puedo dejar de pensar en ella cuando repaso el panorama que el gallinero del Partido Popular nos está brindando a la ciudadanía.

Uno de los guardianes del gallinero se ha dejado la puerta abierta sin querer y le han tocado los botones sin darse cuenta de que lo que él quería no es lo que quería el que le ha manipulado la voluntad por medio de técnicas que desconoce. Donde ponía si era no. La pausa no funcionaba. Vino un viento lejano y le apagó la luz mental de repente, y apretó el botón de abrir y no el de cerrar. El gallinero se alborotó ante ese cambio de costumbre y el griterío, se lo pueden imaginar, y ahora recordar.

Las gallinas no sabían que el zorro merodeaba haciéndose el espía de la alimaña. Entre el espía disfrazado y la alimaña que no mata para comer, sino que come para matar … ha vuelto el griterío.

Como el ruido es ensordecedor y nadie le interesa, la parte de la granja que alimenta otras especies de poco fiar, ha decidido quedarse en silencio y mirar, por si se escapa un tiro y tienen que agachar la cabeza.

Mi madre tenía razón. Siempre tenía razón. Las gallinas son idiotas, ruidosas, sucias, mentirosas, sin voluntad y nos salen carísimas, porque los huevos no son tan necesarios, y si lo son, hay veces que los ponen otros.

Matilde Muro Castillo

Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 21.02.2022



8 de febrero de 2022

NERVIOSOS

 


Esta bofetada recibida por la humanidad en forma de virus ha desatado reacciones distintas, explicables unas, e inexplicables la mayoría.

Yo noto nerviosismo en la población, en el más amplio sentido. En toda la población, sea cual sea su actividad o estado catatónico, pero nervioso.

Lo que más inquieta al ser humano es la inseguridad que la mentira provoca, el desconocimiento de las cosas, y la ambivalencia de todo lo que consideramos que puede ser el norte de nuestros días. Ha desaparecido la verdad sistemática, los saberes ya no sirven los de siempre, y el “si, pero …” es el favorito cuando buscas soluciones a tonterías como la validez de algo que te obligan a tener (por ejemplo, el pasaporte Covid).

Es necesario cambiar sí o sí de analógico a digital, sin otra explicación posible que el cierre de las puertas y la desaparición del trato humano. Hay que asumir que los bancos pueden hacer de ti lo que ellos quieran, porque con cambiar las condiciones contractuales de tus miserias, te pueden arruinar, porque dicen que no has leído lo que te escribieron el año pasado y que permaneció setenta y dos horas en tu buzón de entrada de la app que no te has instalado,  porque tu teléfono carece de capacidad para hacerlo, y no tienes mil euros para cambiarlo por el que el banco te ofrece a cómodos plazos al treinta y dos por ciento de interés,  y lo han borrado sin que lo leas, con motivo de esa asquerosidad de mentira que es la protección de datos.

Esos datos tan protegidos (ja,ja,ja,) los manejan a su placer los bancos, las instituciones, los servicios públicos y hasta la iglesia católica, que ya es el colmo, para disponer de nuestros bienes, horarios y aficiones.

Llevo más de dos semanas intentando ayudar a unos amigos a presentar el Ingreso Mínimo Vital, y esas plataformas maravillosas que dicen que ellos (que no tienen ni para pagar la luz) han de usar, carecen de cita previa para que sean recibidos en persona.

En mi móvil recibo avisos constantes de engaños con signos externos bancarios, correos, seguridad social, sanidad… etc, que pretenden que por el módico precio del engaño de dos euros habilite el aviso urgente que tienen guardado, a cambio del número de mi cuenta corriente, o de una tarjeta de crédito, o cualquier dato que pueda ser objeto de robo.

Constantemente soy afortunada con un premiazo nunca visto de un teléfono de última generación, una vivienda en California o un aspirador que anda solo por mi casa, si les proporciono los datos de mi escaso acervo patrimonial.

Este bombardeo de engaños, mentiras, manipulaciones ocultas, desprecio a la persona, delincuencia en definitiva de guante blanco, genera un nerviosismo que detecto general en la población, a la que cuando tratas de ayudar de buena fe, sospecha y te insulta creyendo que vas a engañarla, que no vas a cumplir con tu palabra, o que has surgido de la estratosfera, porque lo general es el ataque, el robo, el maltrato y la consecución de dinero a costa de cualquier cosa.

Se hace difícil vivir así. 

Matilde Muro Castillo.


Artículo publicado en el Diario HOY de Badajoz el lunes 7 de febrero de 2022.


5 de febrero de 2022

EMPLEADAS DE HOGAR

Foto: Europa Press.

No hace falta que explique a qué me refiero, si han leído el título.
Son personas imprescindibles en la sociedad que nos hemos dado desde siempre, porque las obligaciones de mantener una casa, hijos, trabajo y maridos, son imposibles de asumir por una sola persona (mujer) que desempeñe todas esas tareas. Otra cosa es, y no digo que no sea igualmente penoso, si no hay trabajo externo, o no hay hijos, o no hay maridos. Uno solo, si así lo desea, puede mantener su casa desde que se levanta hasta que se acuesta, sin hacer otra cosa, pero con resultados de dudable calidad.
Esas personas (mujeres casi al cien por cien), forman parte de nuestras vidas y son una de las mayores fuerzas de trabajo olvidadas por el mero hecho de ser mujeres, obligadas a la esclavitud como consecuencia de haber nacido, y maltratadas económica y socialmente.
Las ayudas para salir de la pandemia (que a ellas también les ha afectado), están dirigidas sólo a jóvenes emprendedores, empresas que alicatan campos con placas solares, limpiadores de purines de granjas de cerdos, emprendedores digitales, y cursos de alta cocina o baja comprensión, pero en ningún caso hay ayudas para sacar a la luz la condición de las empleadas de hogar, ayudando con el pago de la seguridad social, por ejemplo a los empleadores, y limpiando ese sórdido mercado de trabajo en el que se mueven, y donde radica la miseria de los fondos ocultos, porque los cabeza de familia no quieren darlas de alta, no quieren pagarles el salario que merecen, y se niegan a que coman en sus mesas.
Las empleadas de hogar merecen la consideración pública que se han ganado, siendo el arma infalible del mantenimiento de nuestros hogares. Si las administraciones públicas de todo tipo emplearan fondos, que son de todos, en adecentar ese mercado enrarecido, con ayudas, subvenciones a la contratación, cursos subvencionados de especialización, educación de los cabezas de familia en el trato de ellas, y consideración de esas trabajadoras como seres humanos, el vuelco a la economía sería muy importante.
Sociedades empobrecidas económicamente como la extremeña, con respecto a otras comunidades, daría un salto cualitativo en aflorar una masa laboral de mujeres de todas las edades que trabajan ocultas y escondidas, pero que son el esqueleto de nuestras casas y sin las que los abuelos, los hijos, los nietos y los maridos estarían atendidos. Si tú pagas, desde luego recibes. No hay mejor inspector de trabajo que un cabeza de familia. No hay mejor control de calidad que la comida puesta en la mesa y guisada por la empleada que te atiende. No hay mejor pediatra que la empleada de hogar que sabe si el niño tiene fiebre o cuento para no ir al colegio. No hay mejor economista que la empleada de hogar que sabe de dónde flaquea el monedero. Eso hay que dignificarlo, hay que ayudar a cambiar el concepto y para ello hacen falta ayudas, porque no es posible emprender tareas nuevas de configuración social si no nos implicamos con reconocimiento económico.
Saquen subvenciones para dar de alta a empleadas de hogar, y se sorprenderán del resultado.


Matilde Muro Castillo.


Artículo publicado en el Diario HOY de Badajoz el lunes 24 de enero de 2022.

NECESIDAD (mi recuerdo a Almudena Grandes)

    Fotografía de Almudena Grandes de la cuenta de Twitter.



He dejado pasar los días, a ver si la pena se mitigaba, pero sigo buscando en los medios las necrológicas dedicadas a Almudena Grandes, como si de un familiar se tratara, y tuviera que pegar en mi álbum imaginario de firmas y pésames las páginas dedicadas a su muerte.
Hoy, ante la suerte que tengo de una columna quincenal, quiero hacerle mi homenaje y tratar de explicar lo que con ahínco he buscado para entender porqué me he sentido huérfana ante su desaparición, si no nos unía nada indisoluble, y he de reconocer que, aunque he leído su obra, no esperaba ansiosamente la siguiente aparición de lo que urdía, a fuerza de tecletear en el ordenador con disciplina prusiana, a diario, porque inconscientemente sabía que algo más iba a salir de ese trabajo constante en medio de guisos, consejos, compras de ama de casa, preocupaciones por los hijos o arreglos de bricolaje, que son difíciles de encargar y menos aún de conseguir.
A Almudena yo la sentía como la madre de los desarrapados que, en general, ocupamos las zonas del mundo por el que todos transitamos sin sabernos así, porque ella nos hacía sentir acompañados. Era la madre que sabía siempre lo que necesitaba la alacena de la cocina, lo que se había acabado y teníamos que reponer, o lo que había que racionar porque era difícil conseguir.
Como trabajaba de esa manera tan constante y precisa, yo daba por seguro que las palabras que surtían las hojas de sus libros era certeras y no merecía la pena la comprobación, pero no semánticamente, sino oportunas, necesarias y ocupando el lugar que el relato reclamaba, sin posibilidad de cambiarlas por algo que resultara más estético y evocador, porque su literatura era esa, la que ha creado la necesidad de la recuperación de la memoria colectiva que, a fuerza de repetir necedades e inexactitudes llenas de mala intención, se estaba configurando como la historia real que había que asimilar como tal, contra lo que ella luchó con denuedo, mientras el estofado de la cocina se hacía a fuego lento, sin llegar nunca a oler a quemado, a pesar de las horas de abandono en los hornillos.
Almudena era segura y rotunda, y me transmitía esa seguridad, necesaria siempre en los admiradores de seres como ella, a los que no se ponen pegas y sólo sueñas con que no te fallen nunca, y ella nunca me falló. Cuando sus libros de casi mil páginas asomaban a los escaparates de las librerías, a veces me costaba pensar en la lectura, pero siempre la certeza de saber que aquello contenía el esfuerzo de la tesonuda investigación y un trabajo feroz, me hacía empujar la puerta del lugar, oír la campanilla que avisa mi entrada, y hacerme con el ejemplar; y cuando empezaba la lectura, el aroma del bizcocho en la casa, el calorcito del rayo de sol de la ventana y el arrullo de su lectura me transportaban al regazo de la madre que me enseñaba cómo la historia que ella me contaba era la real, y que lo otro, lo edulcorado, era cosa de hadas, que no existen.
La pena me sigue.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el Diario Hoy de Badajoz el lunes 17 de enero de 2022.


29 de diciembre de 2021

UN TOQUE

 



He pasado un año infernal pidiendo ayuda para la supervivencia de una asociación dedicada a la cultura en Extremadura. No he conseguido nada.
En Extremadura la cultura es cosa de la Junta. No hay paso a nadie que se empeñe en hacer cosas innovadoras, útiles, generosas o inesperadas. Todo tiene que pasar por el filtro de la Junta, de la consejería correspondiente y de sus funcionarios o personas designadas a dedo para ocupar cargos administrativos.
Verán, les explico. Si te empeñas en traer a tocar el piano a Lang Lang por ejemplo, y necesitas una ayudita, como es normal en todas las actividades de esta región, has de presentar tres presupuestos de personas que tocan el piano como Lang Lang. ¿Cómo? , dices a los responsables de los presupuestos, y te contestan que es lo que manda la ley de presupuestos y que salen a plataformas, a concursos, y habrán de pasar el filtro de la conveniencia o no de que ese señor venga a tocar el piano a Extremadura, y de entre los tres presupuestos, los veintidós informes, las demoras, los retrasos por culpa de la pandemia, las inconveniencias de los que no saben de quién se trata el tal pianista, los informes telemáticos del funcionario que trabaja desde su casa, al que se le ha colgado la línea y no es capaz de mandarlo porque la tal línea es escasa y no tiene capacidad para atender a todos, es mejor que decidamos irnos a la feria de turno a ver si nos toca una muñeca chochona en la tómbola correspondiente, y así escuchamos música, que en definitiva es lo que estamos pidiendo.
Los plazos son insufribles. La falta de decisión, el bloqueo permanente, la incapacidad de gestión es memorable. No mejoramos. Al contrario, vamos en un auténtico retroceso, y me gustaría que los responsables de cultura tuvieran la torería de decir públicamente cuáles han sido los fondos que han devuelto a origen sin aplicarlos, porque no han sido capaces de ejecutar lo proyectado.
La cultura es esa prótesis que necesita la sociedad para vivir. Las prótesis son caras, a nadie le gusta que se le vean y procuramos no manifestar esa deficiencia, pero sin ellas no se puede vivir. La misión de los administradores del dinero público de la cultura es saber de cultura lo primero, luego saber que lo que hacen es tan necesario como los de la sanidad, el campo o la tecnificación de la sociedad. Con esa displicencia, abandono, injustificado silencio con el que se considera a las asociaciones culturales que mantienen el esqueleto espiritual de la región, no se puede tratar. Todo no es dinero, pero sin él no se puede hacer nada. Todo no es dinero, pero matar de hambre e impedir que se busquen otros medios, es crueldad pura y dura. Ustedes, señores de la junta de Extremadura, lo quieren copar todo y mandar sobre todo. Entonces tienen que financiarlo con la generosidad con la que las asociaciones culturales se manifiestan, y a las que usan para lustre propio presumiendo de libros que no han hecho, museos que no han financiado, músicas que no han compuesto y literatura que no han escrito.
Antes de aprobar los miserables presupuestos de cultura para 2022, piensen y rectifiquen.

Matilde Muro Castillo

Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el lunes 27 de diciembre de 2021


14 de diciembre de 2021

EL ESPEJO

 



Los humanos de a pie vivimos mundos que no se corresponden con los mundos de los que dicen que nos mangonean. Nuestra vida es mucho más comprensible que la que se elabora a fuerza de decretos, declaraciones, composiciones matrimoniales de conveniencia o fugas de capitales hacia paraísos inaccesibles para los que, con sangre propia, producen las riquezas que esos artífices de mundos inalcanzables, atesoran.
No es tan difícil darse cuenta de que la mayoría estamos en el otro lado del espejo, ese que no refleja nada de nada, pero sin cuya oscuridad no sería posible la luz que emana de la otra cara, y que representa al que no hace nada, al que se pone frente al cristal oscurecido por la miserable sociedad que cree esclavizar para que se mire el todopoderoso.
Leonardo, que era zurdo, descubrió en la magia del espejo cómo poder entender lo que se escribía en sentido opuesto al común de los sentidos de la grafía, y supo que, mientras navegaba por la oscuridad, nada le molestaría en sus investigaciones, y sólo pondría en claro lo hallado si usaba la parte brillante del espejo. Leonardo sabemos que era sabio, pero no podemos saber qué se quedó en lo oscuro de esa mente prodigiosa que a todos deslumbraba cuando usaba el espejo para leer.
Nuestro mundo es así. Los que habitamos la oscuridad, nos creemos poseedores de la luz, pero no es cierto.
Los artilugios políticos, financieros, tecnológicos, inmorales y conceptuales deslumbran los comportamientos actuales y ciegan la visión de los que están escondidos generando luz al otro lado.
Nos mienten sin descaro. Nos engañan sin moral. Nos hunden en nuestras propias miserias, mientras las montañas de riquezas materiales son cada vez más altas y menos accesibles a los generadores de las mismas.
Nuestro mundo se está convirtiendo en algo intratable, difícil de sobrellevar y tendente a encontrar la paz en la oscuridad, algo que va en contra del ser humano, de su desarrollo, del esfuerzo manejado por todos y que debería redundar en beneficio de todos en forma de luz.
Spinoza, el maestro de la bondad, el filósofo de las buenas intenciones, el que creyó aleccionar a los alumnos de la época, dijo que la generosidad era el motor de la riqueza, pero Spinoza se ha quedado obsoleto ante la manipulación a la que estamos siendo sometidos.
Antes, estas maniobras se quedaban ocultas, no había forma de entender porqué cuanto más trabajabas, inventabas, estudiabas o creabas eras más pobre. Ahora esas armas del oscurantismo se están abriendo por las hiendas que los espejos hacen cuando se usan demasiado, se limpian por la cara brillante, o se caen haciéndose mil pedazos que reflejan lo mismo que cuando estaban enteros.
Ahora, las armas de la comunicación, de la mentira universal, del horror de los comportamientos en contra de los más débiles, tienen a veces la mira torcida o el cañón atascado y se les vuelven en contra. Pero son pocas esas veces, aunque por los arañazos de los espejos entra la luz de lado a lado y dejan de brillar.
Cuidado.


Matilde Muro Castillo.
Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 13 de diciembre de 2021.



29 de noviembre de 2021

APRENDER

 


Nos hacemos viejos sin querer. No me importa decir vieja, porque me gustan las cosas viejas, y cuanto más tiempo pasa, más me acepto en medio de la autocrítica, que no me deja vivir tranquila.
He repasado mentalmente cosas que he vivido y tenido que aprender a fuerza de golpetazos. He tenido que sobrevivir a cosas inenarrables, como no poder abrir una cuenta corriente cuando empecé a trabajar y me querían pagar, he aprendido a olvidar la peseta, y casi me cuesta la ruina total, y no sé si la cárcel, porque no entendía lo que gastaba y parecía que los bancos me regalaban. He aprendido a que el gasoil de mi coche molesta y procuro no andar con él por las grandes ciudades, que se las quieren dar de limpias y sin ruido (no voy a ellas, gracias a dios), pero no me gusta molestar.
He aprendido a manejar el ordenador (con muchas limitaciones, eso sí), pero me defiendo.
He tenido que cambiar mi opinión sobre los bancos, que antes eran lugares seguros para los que creíamos en ellos, y se han transformado en cuevas de animales carroñeros donde todo lo mío es suyo y sin explicaciones por parte de ellos, porque por mi parte he de decirles a todas horas qué voy a hacer con mis miserias, antes de que ellos las manipulen.
He aprendido a aceptar la lucha por todo, absolutamente por todo lo que es de sentido común, como que te reconozcan un trabajo bien hecho, que te quejes de un jefe canalla que intentó arruinarme algunos años de mi profesión, que me hagan caso cuando la idea que expongo parece que ha salido del género masculino, que me reconozcan que sé interpretar leyes en su justa medida,  porque sé leer igual que un funcionario que se dedica a enredar para deshacer la moral del personal con disquisiciones envueltas en su mente de tela de araña, y las cosas son más simples de lo que parecen.
He aprendido a dejar de querer, porque a veces no es conveniente querer tanto. He aprendido a olvidar, a pesar de tener una memoria que a veces me juega malas pasadas. He aprendido a disfrutar de la vida como Annie Leibovitz, esa fotógrafa a la que admiro sin límites y que dice que “mi vida ha sido un viaje salvaje”. He aprendido a saber que, si vives en un lugar hermoso, como me pasa porque vivo en Trujillo, te haces mejor persona, porque la belleza de sitios como esta ciudad llegan a moderarte el alma y los comportamientos; y muchos me dirán que no es verdad, pero es que no tienen el placer de pasear por esta ciudad maltratada por los gobernantes de turno, asolando sus paisajes alicatando con placas solares el entorno, restaurando iglesias del siglo XV con obras fantasmagóricas o usando su nombre para proyectos que generan más destrucción que bienestar a sus habitantes.
Con lo anterior, verán que no he aprendido a callar. No soy capaz de silenciar las atrocidades patrimoniales que se acometen en Trujillo, esta ciudad que durante muchos años ha sido la medicina del alma inquieta de cuantos la amamos sin paliativos.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 29 de Noviembre de 2021.


1 de noviembre de 2021

DIFUNTAS Y HUÉRFANOS.

 


DIFUNTAS Y HUÉRFANOS


Abuela, ¿porqué papá mató a mamá si era buena?
- Anda, calla y come. Es mejor no hablar de eso. Bastante tenemos con la pena.
- Ya, pero no lo entiendo. Los chicos del colegio ya no me quieren y yo he sido bueno con ella siempre, y no le he hecho nada a mamá nunca.
- Ya pasará. Ellos sólo tienen miedo por si les pasa también, porque no sólo te ha pasado a ti.
    Tía, ¿mamá no va a volver nunca? Todos me dicen que está en el cielo y de papá no me hablan. ¿los que van al cielo no vuelven? Yo quiero volver a mi casa, como siempre, con mamá, ir a buscarla a la lavandería y pasear por la calle juntos cuando íbamos a por el pan. Sólo quiero eso tía. ¿Se lo puedes decir si la ves? Dile que me voy a portar bien.
    María, ¿no vamos a volver a ver a mamá? Yo creo que cuando se la llevaron en la ambulancia iba viva. Papá estaba fuera, en la calle, como si se hubiera tirado del balcón, pero no me dejaron verlo. Él seguro que está bien, pero no me importa que no vuelva. ¿Mamá está bien? ¿Va a volver? Quiero ir al hospital o donde esté. Necesito verla y hablar con ella, tengo muchas cosas que pedirle, porque no me va bien en la clase. Cuando me dijeron que ahora tú ibas a ser mi madre, no te enfades, me pareció mal porque ya teníamos madre. Pero pasan los días y esto no cambia. Estamos solos, tú te pasas el día de oficina en oficina haciendo papeles. No me hablas, lloras y no me dices dónde está mamá. 
    Abuelo, no quiero ir de paseo otra vez. Quiero esperar a que vuelva mamá. Aunque tú dices que no va a volver, yo quiero esperar. No me importa que pasen muchos días, voy a seguir esperando. No quiero estar fuera de casa cuando vuelva. Sólo voy a salir cuando saquemos a León de paseo, porque mamá siempre salía con él, pero yo voy a esperar aquí. Dime abuelo, ¿mamá sabe que me estoy portando bien?, me cuesta mucho estudiar y hacer la cama, pero creo que en cuanto ella vuelva me explicará lo de clase y todo irá mejor. Ahora estoy un poco nervioso porque no la veo, pero te prometo que enseguida, en cuanto vuelva, sacaré buenas notas.
    Cándida, no quiero ir al cementerio. No quiero llevarle flores a mamá. Quiero que mamá vuelva a casa, no quiero ver la tumba de papá a su lado. Me duele todo. No puedo soportar que los hayan enterrado juntos cuando él la mató. No quiero llevar flores, sólo quiero abrazarla, estar a su lado, que me cuide, que me riña, que me castigue, que me quite la propina, que me mande a la ducha… quiero que vuelva Cándida, ¿no lo entiendes? No quiero llevarle flores ni aceptar que la ha matado mi padre. Estoy solo Cándida y no quiero estar solo.
    Así, día a día, madres muertas a manos de sus parejas e hijos olvidados el día del recuerdo de los santos.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en HOY de Badajoz el 1-11-2021


18 de octubre de 2021

LA MINA (y van 2)



Descubierta de lignito en Garzweiler, Alemania

Pocas veces en mi vida he contemplado un espectáculo tan bochornoso como la rueda de prensa del encargado de dar la cara de la empresa que quiere abrir una mina de litio en Cáceres.

O yo me he vuelto loca, o esas explicaciones que pretendían dar acerca de la comprensión con la población enamorada del paisaje de Cáceres para destrozarlo, hacían reír y llorar al tiempo.

Ustedes, señores del litio, ¿saben que el público al que se dirigen entiende lo que se les dice?, ¿alguna vez se les ha pasado por la cabeza aceptar que no es no?, ¿saben que las mentiras, por poca luz de la que dispongan esas mismas mentiras acaban saliendo a la superficie?, ¿saben que no nos fiamos de ustedes ninguno de los interesados?, ¿qué más van a prometer?, ¿qué desconocimientos tratan de imbuirnos para que aceptemos sus desmanes?, ¿con qué tipo de banda tratan para hacer desaparecer milenios del planeta a favor de sus bolsillos? Seguiría así hasta el infinito, pero no merece la pena, porque hay que dejar sitio a los que luchan en la calle, a los que se manifiestan haga frío o calor, a los que se pasan horas en los registros oficiales presentando reclamaciones ante semejantes pretensiones, a los que, en definitiva, no escriben en medios de comunicación porque no tienen sitio ni ganas, pero se baten el cobre perdiendo el sueño, colgando en sus balcones pancartas que niegan la mina, poniéndose camisetas con lemas que rechazan el latrocinio que ustedes pretenden, educando a sus hijos en la bondad y la necesidad de colectivos que luchan por lo que creen, y enseñando que eso es libertad.

Ustedes podrán contratar a políticos corruptos, que se adentraron en instancias municipales para (supuestamente) allanarles el camino de las concesiones, podrán diseñar parques idílicos, cuevas de hallazgos inexplicables, cauces de ríos subterráneos para que generaciones futuras vayan a bañarse al fresco, caminos de nubes interiores de color rojo, dejar huellas de bombas, líneas de ferrocarril que no se ven … pueden ofrecer lo que se les pase por la imaginación, pero no lo queremos.

Queremos que se vayan a otro sitio con sus pretensiones siniestras. Mejor, queremos que abandonen cualquier tipo de propuesta que pueda destrozar nuestro planeta en cualquier parte del mundo, llevando implícito el desprecio de la población, el uso de recursos protegidos, la paz de las personas que viven sin molestar a nadie y amenazando el futuro de generaciones (no tan lejanas) que contemplarán impertérritos cómo fue posible que nosotros nos rindiéramos ante tamaña salvajada.

Ese potencial económico que dicen tener, que auguran propiciar y que dicen saber administrar, empléenlo en educación, cultura, salarios dignos a sus trabajadores, aprender qué es verdad y qué es mentira. Si el alcalde de Cáceres ha dicho que no, no insistan. Es la máxima autoridad de la ciudad y con más poder que ustedes. Acéptenlo, porque hay veces en las que se pierde.

¡Ah! No olviden que las personas con banderas en sus casas, camisetas de protesta, manifestaciones, pasquines en contra de ustedes, pegatinas en las farolas y sueño de futuro en paz, siguen ahí. Es por si lo olvidan. Seguimos ahí.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 18 de Octubre de 2021.







6 de septiembre de 2021

EXTRANJERÍA CÁCERES

 



Había solicitado cita previa en extranjería de Cáceres para acompañar a la persona que había dado de alta, con la intención de que esa persona presentara sus documentos y se procediera a su legalización en España.

Esta persona enfermó repentinamente, de bastante gravedad, y me acerqué a la oficina a tratar de cambiar la fecha de la cita, con los justificantes médicos correspondientes, y hete aquí que en la puerta de esa oficina hay un hombre armado, uniformado con los galones de una empresa de seguridad, detrás de una barandilla, fumando a placer y ordenando a los asistentes que se mantuvieran en perfecto orden de llegada, organizando la fila a pleno sol,  y sin posibilidad de que nadie le dirija la palabra si previamente no es él el que llama con una hoja de papel en mano que, al parecer, contiene los nombres de las personas que tienen cita.

Intento acercarme para decirle que no tengo cita pero que quisiera hablar con un funcionario de los que, supongo, están dentro. No. Usted tiene que pedir cita. Ya, pero no soy la interesada, que está enferma. No me cuente cosas raras. Márchese y pida cita. 

Le ruego señor que, aunque no pueda entrar, avise a un funcionario para que, aunque sea en la calle, me atienda ante una urgencia. Yo no aviso a nadie. Aquí se hace lo que yo digo y usted no puede entrar, y aléjese detrás de la barandilla y póngase en la cola. Señor, no tengo cita, no me va a llamar, se trata de un asunto urgente que usted no puede solucionar. Si yo no lo puedo solucionar, no lo soluciona nadie. Señor, usted no es funcionario; tengo que hablar con un funcionario y mostrarle unos documentos que han surgido por una urgencia. Le he dicho que usted no entra, y aquí se hace lo que yo digo. Le ruego por favor que avise a alguien con autoridad de dentro, y que salga.

Se dio la vuelta, entró en el edificio, cerró la puerta y … pasaron cinco eternos minutos hasta que volvió a salir lista en mano a llamar a una de las personas que, haciendo cola al sol, sobrevivían al mandato del portero.

Alguien que conozca esta oficina siniestra lo confirmará. No se atiende a nadie que no pasa por el filtro del portero de discoteca. No hay la más mínima empatía con los seres humanos que tratan de legalizar su situación en este país a través de trámites en la provincia de Cáceres. Los expedientes se alargan años, años y años. Los criterios están al servicio de los funcionarios. No se aplican las mismas normas aquí, en Madrid, en Barcelona o en Ciudad Real. Cuando a alguna gestoría le dices que quieres legalizar a alguien con domicilio en la provincia de Cáceres, se echan las manos a la cabeza y te piden que empadrones al trabajador fuera, donde sea, pero nunca en Cáceres porque no lo van a legalizar jamás, van a aterrorizarlo intentando entrar en la oficina y, lo que es peor, van a humillarlo hasta odiarnos.

Lo he vivido, y por eso lo cuento. Si alguien que puede corregirlo, lo lee, ponga remedio por favor. Necesitamos personas que quieran trabajar. Nos sobran matones.

Matilde Muro Castillo.


Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 6 de septiembre de 2021.



23 de agosto de 2021

LA GUERRA INFINITA

 


LA GUERRA INFINITA



Alejandro Magno se plantó en los confines del mundo conocido hasta entonces a sangre y fuego. Llevaba consigo un poso de enseñanzas helénicas que no mitigaron en absoluto su comportamiento con los vencidos que dejaba a su paso, y pretendió imponer un orden mundial generalizado que aterrorizó a los invadidos, porque se permitió incluso crear ciudades en medio del desierto, Alejandría Escate, dotadas de hermosísimas esculturas griegas, capiteles, columnas, teatros, fuentes y esos lugares de descanso que los guerreros se auto regalan creyéndose inmortales y pensando que siempre hay tiempo para volver.
Alejandro utilizó a la hija de su mayor enemigo para tratar de conseguir una paz dificultosa, por lo revueltos que resultaron los nómadas, y se casó con Roxana, como si aquello fuera la moneda de cambio perfecta. Después de innumerables batallas y ríos de sangre, asesinó a su suegro y dos años después, abandonó Afganistán y se lanzó a conquistar India.
En medio de masacres de hombres rebeldes, optaba por vender a las mujeres y los niños como esclavos al mejor postor, y seguir alimentando tropas feroces que sólo obedecían a su rey y no se cuestionaban los métodos.
Siglos, han pasado siglos de terror en Afganistán y nadie se pregunta cómo es ese pueblo y porqué está dedicado a la guerra perpetua, a la rebelión, la inseguridad y la miseria. Creo que la razón es que son analfabetos en un porcentaje que hoy causa terror en el mundo occidental.
Esos animales talibanes que entran como Alejandro a sangre y fuego, son seres sin razón educada, sin poso alguno que no sea la guerra y la destrucción de todo lo que les pueda parecer refinamiento o educación. Se diferencian en eso de Alejandro, que intentó implantar una forma de vida que le parecía mejor porque la había conocido, pero ellos no conocen nada, y lo que ven por los medios de comunicación sólo les induce a la mentira, el cinismo, la barbarie y el terror.
Las mujeres siguen siendo la nada. Ese objeto al que maltratar, oír cómo lloran, vender como esclavas, violar para extender la especie analfabeta y demoniaca que, a lo mejor por fuerza de la naturaleza agreste y tan complicada de ese territorio, no ha sido capaz de progresar de la mano de la cultura, pero que no tienen excusas, porque pueblos sin cultura occidental, sin nuestras formas de comunicación, viviendo de lo que la naturaleza proporciona, viven en paz, reciben en paz y respetan a las mujeres en paz.
La mujer en Afganistán vive una guerra eterna. Desde Alejandro a hoy y hasta el futuro desconocido, porque los que podemos las abandonamos, los que lo conocemos lo silenciamos, y los que podemos abrir las puertas de nuestras casas, las cerramos.
Me siento culpable, triste, angustiada por tantas mujeres abandonadas que no saben ni que son seres humanos con derecho a mirarse en un espejo, andar sin taparse, tener hijos si quieren y dejar la cocina de humo que las está matando por no poder respirar.
¿Saben? Yo vaciaba Afganistán de mujeres, y allí se las apañen los salvajes procreando entre ellos. En mi casa hay sitio.

Matilde Muro Castillo.

Artículo publicado en el diario HOY de Badajoz el 23 de Agosto de 2021.